De tapadillo, como quien no quiere la cosa, y oculto tras la impactante subida de los precios de la electricidad, el coste del gasóleo también está viviendo en los últimos meses lo que Fegatramer califica de «vertiginosa escalada».

Esta tendencia en uno de los principales costes para los transportistas supone, a juicio de la patronal gallega, una «amenaza a la supervivencia de muchos transportistas, cuyas empresas ya estaban bajo mínimos por los efectos de la pandemia».

La organización empresarial calcula que de agosto de 2020 al mismo mes de este mismo año, el precio del combustible ha experimentado un ascenso de un 25%, lo que supone para un vehículos articulado de ruta nacional o internacional, según sus registros, un sobrecoste al mes de cerca de 1.000 euros por vehículo.

Este incremento se añade, según Fegatramer, a otros factores que perjudican al sector, como «la caída del trabajo en algunos subsectores del transporte por la pandemia, el alza del coste de los seguros, de los costes bancarios y financieros, la falta de conductores profesionales, de aparcamientos y servicios logísticos para el desarrollo efectivo de la actividad».

La patronal argumenta que la situación «está llegando a unos límites en que puede volverse insostenible» y augura que muchas empresas de transporte podrían empezar a cerrar en los próximos meses.