Con el debate en torno a la fiscalidad verde abierto, el Gobierno estima que el sistema tributario debe responder a la mayor concienciación medioambiental de la socieda.

Precisamente, el Ministerio de Hacienda ha sometido a consulta pública un nuevo impuesto especial sobre el transporte aéreo, al que se considera una importante fuente de emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global.

Este nuevo gravamen seguiría el modelo que ya tienen otros países como Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Austria y  Francia.

El objetivo de este gravamen, que debería tener en cuenta el hecho insular, sería fomentar el uso de medios de transporte más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente, así como servir como incentivo para explorar nuevas tecnologías y carburantes menos contaminantes.

La aplicación de un impuesto sobre el transporte aéreo permitiría también que España incrementara la contribución de los tributos medioambientales en los ingresos públicos, en línea con las reiteradas recomendaciones de la Comisión Europea y de otros organismos internacionales.

Además, el impuesto también favorecería, a juicio del Gobierno el cumplimiento de los compromisos adquiridos por España para limitar o reducir las emisiones de efecto invernadero, tanto en el ámbito de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, como en el de la Unión Europea.

De igual modo, las emisiones del transporte aéreo se han multiplicado por dos desde 1990 solo en el territorio de la Unión Eeuropea, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, y, además, se incrementarán hasta un 185% en 2040, según estimaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional.