Desde mediados del pasado mes de marzo, la crisis sanitaria está suponiendo una prueba de fuego para el sector logístico y de transporte.

Si bien durante los primeros días se produjeros roturas de stock en algunos productos de primera necesidad y bienes del hogar, poco a poco las cadenas han ido adaptándose a lo que pedía la situación en cada momento con solidez.

Un claro ejemplo de esta adaptación ha sido la cadena agroalimentaria española que, como señala un informe de la consultora LLYC, Fiab y Mercasa, ha logrado que la población no haya experimentado desabastecimiento de productos de primera necesidad.

El trabajo señala que este buen comportamiento de la cadena agroalimentaria española se explica por razones estructurales y coyunturales que aúnan un amplio y heterogéneo sector agrario, una potente industria alimentaria, una distribución muy modernizada y una eficiente gestión logística en los mercados mayoristas de alimentación.

Según el análisis, la recogida de fruta ha exigido una muy notable coordinación entre instituciones y sector productor para garantizar dicho trabajo, mientras que la industria agroalimentaria de alimentación y bebidas, por su parte, ha mantenido su papel exportador.

En este contexto, la distribución comercial ha tenido que hacer frente, durante el periodo álgido de las restricciones a la movilidad, a fuertes crecimientos interanuales en la demanda que pasaron del 84,4% de la semana 13 de este mismo año al 236,7% de la semana 16.

En consecuencia, el análisis estima que la cadena agroalimentaria española dispone de una resiliencia que le ha permitido hacer frente a la crisis provocada por la covid-19 que se potencian cuando todos los eslabones que la componen se relacionan entre sí de forma flexible y ordenada.