Existe una percepción generalizada de que el transporte de mercancías es un sector que no ha parado como consecuencia de la crisis sanitaria y que mantiene una actividad desbordada.

Y nada más lejos de la realidad. La reducción de la actividad industrial y económica en España y en el mundo, como consecuencia de la crisis sanitaria por el coronavirus ha reducido o eliminado de un plumazo la actividad de muchas empresas de diferentes segmentos de actividad, como el transporte de vehículo terminado o de algunos productos químicos, mientras que en otros sectores que vivieron una buena época al comienzo del estado de alarma, ahora empiezan a ver cómo caen sus volúmenes.

Así lo han confirmado a Cadena de Suministro los máximos responsables de las asociaciones profesionales españolas del transporte de mercancías por carretera, a quienes se ha preguntado por su percepción del momento que vive el sector y de las incertidumbres que esperan en una «desescalada» vuelta a la normalidad de la que sólo se conocen los trazos gruesos de una improvisación continuada.

¿Cuánto ha caído la actividad?

Según los cálculos de Carmelo González, presidente del Comité Nacional de Transporte y de Conetrans, el sector español del transporte de mercancías por carretera trabaja en estos momentos a un 30% de su capacidad.

En esta misma línea, Julio Villaescusa, presidente de Fenadismer, estima que la actividad del sector se encuentra bastante por debajo de la mitad, mientras que Víctor González, presidente de Fetransa, calcula que durante esta misma semana solo circulan un 40% de los camiones que deberían estar trabajando en condiciones normales.

Muchos retornos en vacío y guerra de precios

Más allá de los datos, Marcos Basante, presidente de Astic, señala la distorsión que se está produciendo en los flujos de transporte, con circuitos rotos y un elevado volumen de retornos en vacío, como una de las peores consecuencias de la crisis sanitaria para el sector.

Esta situación se agrava, además, por unas condiciones de carga y descarga que siguen generando largas esperas y roces con los clientes y con los propios conductores, que sienten que están en peligro.

De igual modo, Ovidio de la Roza, presidente de CETM, apunta la otra peor derivada que la pandemia tiene para el transporte, como es la caída generalizada de los precios, con alguna (mínima) excepción, y, lo que podría ser peor, una posible guerra de precios generada por el desequilibrio que se ha generado entre la oferta y la demanda por las medidas adoptadas para contener el avance de la enfermedad.

Ambas tendencias están relacionadas, ya que la falta de volúmenes rompe circuitos que hasta ahora evitaban retornos en vacío y lanza a muchos transportistas a intentar captar tráficos a toda costa, aunque se vaya a pérdidas, con tal de mantener la actividad.

Un futuro incierto

De este modo, se genera una espiral que podría acabar expulsando a muchas empresas por agotamiento en un futuro que, como coinciden todos ellos, se dibuja incierto.

Una incertidumbre a la que, según alguno de ellos, también ha contribuido la a veces errática conducta de un Gobierno que ha parecido desbordado en ciertas ocasiones, pero que, también conviene reconocerlo, abrió de inmediato una línea de comunicación directa con un sector que sufre una endémica falta de atención pese a su importancia estratégica.

En este sentido, el sector ya está pendiente del diseño que tendrá la progresiva recuperación de la actividad para intentar adaptarse, así como de las medidas específicas de ayuda que va a necesitar como cualquier otra actividad y que pasan, como apuntan los presidentes del Comité Nacional de Transporte, CETM, Fenadismer, Astic y Fetransa por mejorar las condiciones de acceso a financiación, así como para conservar la actividad y el empleo, entre otras.