La tormenta perfecta de caída en las matriculaciones de automóviles, por una demanda que no termina de recuperase, con el momento de transición hacia la descarbonización que afronta la industria de automoción, con la dificultad de recuperar la capacidad en la producción de microchips, que se vio seriamente afectada en 2020 por el paron en la producción de automóviles por la pandemia, que tuvo que buscarse nuevos clientes en otros sectores, parece que se va a prolongar en el tiempo.

La conjunción de todas estas circunstancias ha llevado a que la escasez en el suministro de componentes electrónicos para diversas industrias continúe amenazando el futuro a corto plazo de diversas áreas de producción, con cadenas de suministro estranguladas.

Según los cálculos de Cisco, la escasez de chips informáticos durará todo lo que queda de 2021 y aún queda un semestre para intentar recuperar parte del terreno perdido estos últimos meses, pese a que algunos de los fabricantes ya han anunciado inversiones para aumentar drásticamente la fabricación de estos componentes cada vez más esenciales en más campos de aplicación.

En primer lugar, la escasez de estos componentes afecta a la producción de equipos electrónicos y podría suponer también cambios en los precios, debido a la escasez de oferta.

De igual modo, la situación pone de nuevo en una situación insostenible a las cadenas de suministro de la industria de automoción y las marcas ya trabajan con un escenario en el que no conseguirán recuperar volúmenes de producción normales durante el presente 2021.

De este modo, ya serían dos ejercicios en los que la fabricación de automóviles se resiente a escala global.

A más largo plazo, esta escasez pone sobre el tapete la necesidad de diversificar las fuentes de suministro de estos suministros para evitar precisamente que vuelvan a producirse situaciones de escasez.