Los cuellos de botella que atenazan diversos puntos de las cadenas de suministro internacionales amenaza con extender sus efectos por todo el planeta.

Si hasta ahora los problemas más graves se han venido viviendo en el Reino Unido, agravados especialmente por las consecuencias del ‘Brexit’, desde el pasado septiembre se empiezan a ver las conseceuencias también en la gran locomotora de la Unión Europea, Alemania.

En este país se detectan numerosas restricciones en la gestión logística desde la vuelta del verano, como precios de compra más altos y tiempos de espera más largos para el suministro de bienes y materias primas pedidos.

Una reciente encuesta de las Cámaras de Comercio germanas, un 42% de las empresas del país no puede procesar sus pedidos habituales, mientras que otro 17% tiene que rechazar nuevos pedidos por falta de suministros.

Así mismo, una cuarta parte de las empresas tiene que recortar o incluso detener su producción debido a problemas en los suministros, de tal manera que para un 43% de las empresas empresas la situación conduce a una pérdida de ventas.

De igual modo, también se detecta un retroceso en el sentimiento de confianza empresarial en la economía alemana, que ha caído tres meses seguidos, desde el pasado mes de julio.

Los empresarios germanos estiman que las constricciones en el suministro de materias primas y bienes intermedios perjudicará su producción en los próximos meses y frenarán dramáticamente la economía de un país que tiene un potente sector exterior.

De hecho, ya se habla abiertamente de cuellos de botella logísticos que podrían provocar una recesión, una vez que todo el optimismo que reinaba la pasada primavera en el país como consecuencia de los avances que se habían producido en el control de la pandemia se han evaporado por completo y han dado paso a una visión más sombría.