A medida que las medidas de confinamiento social tomadas en diferentes partes del planeta para evitar la contener el avance del coronavirus, se va despejando el panorama de crisis que queda.

Sin embargo, dado que aún quedan muchos países por recuperar la actividad por completo, la incertidumbre sigue siendo la tónica dominante.

En este contexto, un reciente informe de Transport Intelligence anticipa unos próximos meses con fuertes variaciones en la actividad, marcados por drásticos cambios en la demanda de los consumidores que implicarán cuellos de botella en diferentes segmentos de actividad.

Consecuentemente, muchos fabricantes podrían aumentar sus niveles de inventario para proteger sus líneas de abastecimiento, pese a que existen dificultades para anticipar una previsión de la demanda fiable.

De igual manera, es previsible que la volatilidad del mercado tenga, a su vez, impactos contrapuestos sobre los precios de los servicios logísticos, a medida que la capacidad se estrecha o se ensancha.

Con más detalle, en el ámbito del almacenamiento se espera que, una vez se supere el primer impacto en la reapertura de la actividad, la recesión deje sentir sus efectos en la demanda, con lo que se espera que exista disponibilidad de instalaciones y que, en paralelo, se reduzca la escasez de personal existente hasta hace algunos meses.

En el transporte terrestre de mercancías, se espera un repunte inicial hasta que equilibrar volúmenes, al que podría seguir el impacto directo de la crisis económica, toda vez que se deja entrever un exceso de capacidad que implicará caídas en los precios.

Finalmente, en el transporte marítimo se espera una drástica reducción de los servicios desde Asia a Europa y América del norte, como consecuencia de los pedidos cancelados en marzo, con una recuperación de los fletesen junio, aunque, en términos generales, se espera que los volúmenes del transporte marítimo se reduzcan una quinta parte, en términos generales.