En su sentido etimológico, la palabra crisis significa cambio. A secas. En este sentido, la actual crisis sanitaria es un fenómeno global que amenaza con cambiar el orden conocido.

Sin embargo, inmersos como estamos en el cambio y con la mirada puesta al frente, aún es pronto para entrever cómo quedará el panorama tras la tormenta.

En el sector de la logística, la pandemia del coronavirus ha servido para poner en cuestión muchos de los axiomas que ha dominado la gestión de la cadena de suministro en la última década, tal y como ha podido comprobarse en un panel de expertos organizado por el CEL al socaire de la actualidad.

Por poner algunos ejemplos, con la crisis sanitaria se han puesto en cuestión el ‘just in time’, el abastecimiento de flujo tenso, o la reducción de inventarios. Hasta el sacrosanto ‘lean’ se ha visto amenazado ante el fuerte cataclismo que se vive en estos momentos.

Lo aprendido

En lo que sí que llegan a ponerse de acuerdo los expertos en que la gestión logística sabrá sacar enseñanzas de la situación. Todo parece indicar que en el futuro habrá que diseñar cadenas de suministro más resistentes.

Para ello habrá que prestar una atención especial a la gestión del riesgo, como elemento que servirá para prever circunstancias que pueden amenazar su funcionamiento.

De igual modo, la crisis sanitaria ha puesto el acento en la necesidad de establecer una mayor colaboración entre los distintos eslabones, con el fin de lograr un funcionamiento óptimo ante cualquier eventualidad.

En concreto, se hace necesario mantener relaciones estables con los proveedores de servicios logísticos y combinar de la mejor manera posible el abstecimiento local con el de largo recorrido.

Así mismo, tras la crisis también será imprescindible conseguir una visibilidad completa del flujo a lo largo de la cadena y a tiempo real, con el fin de poder reaccionar en situaciones como la actual.

Además, la pandemia del coronavirus supondrá, a juicio de los expertos consultados por el CEL, un impulso definitivo a la transformación digital, ya que ha servido de piedra de toque para demostrarlo.

Por último, la crisis también ha puesto sobre la mesa la necesidad de contar con un cierto stock almacenado.

En este sentido, surge la necesidad de encontrar un balance adecuado entre el compromiso financiero que esto supone y las necesidades operativas.

En definitiva, parece que de esta situación la gestión de la cadena de suministro saldrá reforzada, gracias, sobre todo, al papel central que está jugando para mantener el abastecimiento de la población en circunstancias complejas.