La escasez de combustible en las gasolineras británicas parece ser solo la punta del iceberg de una crisis global en las cadenas de suministro del Reino Unido que se alargará durante los próximos meses.

Las medidas adoptadas por las autoridades del país, incluyendo el más que posible uso de personal militar, para paliar la escasez de conductores profesionales se antojan insuficientes de cara al pico estacional de fin de año que culmina con las compras navideñas, para el que algunos expertos ya anuncian escasez en algunos productos, como aparatos electrónicos, juguetes, bicicletas, e incluso muebles.

La escasez de personal, no solo conductores profesionales, sino que también equipos de almacén y reparto, coincide con el colapso que viven algunos puertos del planeta por las alteraciones que se vienen  produciendo en los flujos internacionales de contenedores vacíos para dibujar una auténtica pesadilla coronada por la guinda de los efectos del ‘Brexit’ en los tráficos entre el archipiélago y la Unión Europea.

En principio, parece que el suministro de alimentos y perecederos parece garantizado, aunque tampoco se descarta cierta escasez en algunos productos que se consumen típicamente por Navidad en el país, como el pavo, por ejemplo.

Además, la escasez de combustible podría impedir la normal circulación de los camiones y furgonetas que reparten las mercancías por el país, con lo que se agravaría aún más la situación, sumándose así a la escasez de conductores que existe y haciendo realidad un meme que circula por Twitter y que reza sobre uno de los famosos autobuses rojos de dos pisos: «No tenemos combustible para este autobús, pero no importa porque tampoco tenemos conductor».