Según un reciente informe de EAE Business School, la reacción de los consumidores durante la pandemia ha generado el llamado efecto látigo en las cadenas de suministro, cuyas consecuencias se verán dentro de unos meses con importantes pérdidas.

La situación impactará especialmente en los fabricantes, ya que, como reseña el trabajo, han tenido que realizar una inversión de inventario excesiva, con bajos niveles de servicio al cliente, un uso ineficaz del transporte, una capacidad de fabricación mal utilizada y por tanto con el resultado final de pérdida de ingresos.

De igual modo, la tendencia parece indicar que el impacto de la crisis sanitaria será mucho más negativa que en anteriores disrupciones en el volumen de contenedores del comercio internacional debido al parón de producción en las zonas de cuarentena.

Esta situación conducirá a que las compañías evalúen cambios en las estrategias de globalización de sus empresas y, puntualmente, tomen decisiones sobre la localización de sus centros productivos.

 

Adaptándose a la nueva demanda

Por otra parte, las cadenas de suministro han tenido que realizar cambios para adaptarse a la nueva demanda.

En concreto, según el informe, han abastecido más a las cadenas de suministro local con un 6% de aumento entre diciembre 2019 y marzo 2020 y se han centrado en los problemas de gobernanza, sociales y ambientales con un ascenso del 4% en el mismo periodo.

Además, la inversión en tecnologías de la gestión ha crecido un 5%, el cambio del producto para minimizar aranceles ha disminuido un 5%, el acercamiento de las operaciones a los consumidores finales también ha disminuido un 8%, el abastecimiento de las cadenas de suministro regionales ha aumentado un 9% y la diversificación de la cadena de suministro se ha incrementado un 9% de diciembre pasado a marzo 2020, a tenor de los datos de EAE Business School.

En consecuencia, el informe propone cuatro pasos indispensables para preparar las cadenas de suministro ante futuras crisis.

El primero de ellos consiste en mapear la cadena completa para identificar los agentes más débiles y los más fuertes. En segundo lugar se encuentra, una mayor diversificación de las fuentes de abastecimiento, producción y distribución tanto geográfica como cultural, política, demográfica, religiosa y tecnológica.

Por otra parte, también es importante crear planes de contingencia y de continuidad de negocio, pues un 45% de las cadenas de suministro no contaban con ningún plan y, en cuarta posición, el documento aboga por trabajar la responsabilidad social.