El mensaje parece claro a nivel de gerencias y direcciones comerciales de las flotas más representativas del transporte internacional: la subida de precios en estos primeros compases de la campaña es crucial e inaplazable.

Cuando parece que la pandemia atenúa sus efectos desequilibrantes en el balance export-import, con una relajación de las restricciones que favorece claramente el consumo y la reactivación de los sectores industriales en Europa (con reflejo lógicamente en una mayor actividad de transporte), preocupa y mucho la tendencia al alza de los costes estructurales y operativos, con el gasoil a la cabeza.

No hay coste que no suba

La imparable subida del precio del petróleo que se viene produciendo en los últimos meses ha supuesto un incremento en el precio del gasoil de un 30% en el último año, situando el precio medio en 1,33 euros por litro.

Los últimos datos del Observatorio de Costes y Precios del transporte terrestre a fecha del 31 de julio de 2021 arrojan un incremento de costes de un 2,6% entre abril y julio. De julio de 2020 a julio de 2021, el aumento se cifra en un 7,6%, representando la partida del gasoil el 75,1% del incremento interanual.

Hasta este mes de julio, el 63,3% del total de costes correspondieron a personal y a combustible: personal, 33,8%; combustible, 29,5%. El resto de costes: amortización, costes indirectos, peajes, seguros, neumáticos, reparaciones, financiación.. Suponen el 37,7%.

Luchar hasta el último céntimo de subida

Lo que se asume de forma cada vez más contundente es que esta situación no tiene marcha atrás: no se espera una relajación en el precio del carburante, sino más bien algún repunte próximamente. Y en cuanto al resto de costes, muy afectados también por el encarecimiento de diferentes materias primas, se asume que se quedarán en esta franja alta.

Por todo ello, el mensaje es claro de cara a los clientes: es el momento (no hay otro tan justificado como este) de revisar esos precios acordados y congelados desde hace, al menos, 2-3 años.

Dejando a un lado la peculiaridad comercial del sector transporte que, a diferencia de otros muchos sectores económicos, no es capaz de trasladar debidamente a sus precios ni a corto ni a medio plazo la evolución al alza de sus costes, lo cierto es que parece haber una concienciación general entre las principales empresas de que hay que revisar todo lo que se pueda revisar, y luchar hasta el último céntimo de subida.

Está por ver que esta motivación no se desvanezca en poco tiempo, con el aumento progresivo del número de camiones presentes en Europa y la necesidad de cargas de retorno, sobre todo.

Dosis habitual de confianza en la Administración: Nula

El problema del fuerte incremento de los costes energéticos está siendo tratado en las últimas semanas desde los órganos de gobierno de la Unión Europea.

Mientras tanto, desde algunos países se están anunciando medidas de apoyo a los profesionales del transporte, como es el caso de Portugal, que reducirá en los próximos cuatros meses 10 céntimos del impuesto de carburantes, y ampliará la exención del impuesto de circulación para transportistas y también el límite para la devolución del gasóleo profesional.

Por su parte, Francia también va a conceder un ‘cheque carburante’ de 100 euros a 38 millones de franceses, para tratar de compensar el encarecimiento del precio del gasoil y la gasolina.

En España, de momento el Gobierno no se ha pronunciado con medidas en este sentido para el sector del transporte profesional. Lo único que sí se ha filtrado de momento es la intención de profundizar en la implantación del sistema de pago de peajes en las autovías. Distintas maneras y sensibilidades a la hora de apoyar desde la Administración a esta actividad tan crucial para la economía.