En los últimos meses, la figura de los tenders de transporte y de actividades logísticas está asistiendo a una nueva vuelta de tuerca.

Cada vez más empresas vienen observando una serie de circunstancias que les están llevando a replantearse las relaciones que mantienen con sus proveedores de servicios logísticos y de transporte mediante esta controvertida figura y que implican un cambio de profundo recorrido que se está produciendo de manera lenta, pero inexorable.

Por un lado, desde hace tiempo, muchas empresas de transporte y operadores logísticos vienen alertando de las dificultades que tienen para poder competir por precios en las pujas de grandes contratos que salen a subasta.

En paralelo, los clientes han ido percibiendo un descenso en la calidad de los servicios que les ofrecen unos ganadores de las pujas que, la mayor parte de las veces, como es lógico, han centrado sus ofertas en precio y no tanto en servicios de valor añadido.

De igual modo, en este panorama también ha incidido que los cargadores vienen observando que la reducción de costes que se obtiene por medio de los tenders es cada vez menor, por lo que, a veces, no sale a cuenta cambiar a un proveedor de transporte u otra actividad logística para iniciar un nuevo período de rodaje hasta que todo vuelva a funcionar adecuadamente.

La logística, esencial para la competitividad empresarial

La logística se ha convertido en un elemento estratégico de la gestión empresarial, toda vez que cada vez más compañías, especialmente aquellas que compiten a escala internacional, se están dando cuenta de que las empresas compiten a través de sus cadenas de suministro, que son las que aseguran el abastecimiento de productos, sobre todo en escenarios complejos y globalizados.

Además, se detecta una cierta tendencia entre los cargadores a dejar de considerar al transporte como una mera ‘commodity’, para comprender que el transporte aporta un valor esencial en la cadena, sobre todo si se hace con calidad y de acuerdo a unos principios de sostenibilidad medioambiental, porque asegura la disponibilidad de producto en un escenario en el que los hábitos de los consumidores están en una continua transformación marcada por la regla del «lo quiero ahora».

Todos estos factores convergen para favorecer un nuevo escenario en el que la colaboración se convierte en un elemento de competitividad crucial.

En este sentido, las relaciones contractuales entre los cargadores y sus proveedores de servicios logísticos y de transporte tienden a mantenerse a medio y largo plazo, frente a los contratos de corta duración existentes hasta ahora.

A cambio, los cargadores exigen a sus proveedores compromisos para garantizar el aporte de recursos adecuados para una gestión logística conforme a los términos acordados, así como esfuerzos en innovación que, en el caso concreto del transporte, se traducen en requerimientos de una flota nueva y poco contaminante, o en una reducción del papel en el uso de documentación, por ejemplo.

De igual modo, los clientes también aportan su grano de arena para intentar simplificar procesos, con la intención de generar ganancias en sus ratios de productividad y ahorros de costes compartidos.

En definitiva, una compleja transformación está en marcha. Muchas empresas están experimentándola. Ya se verá dónde lleva y qué cambia realmente.