Los retornos siempre han sido un quebradero de cabeza para todos y cada uno de los transportistas, porque en la mayoría de los casos, conseguir un retorno, sobre todo en transporte internacional, marca la rentabilidad o no de nu viaje, como consecuencia de los ajustados márgenes que se manejan en la actualidad.

Ahora, en una situación excepcional de crisis, esta preocupación se acentúa, toda vez que, en cada vez más productos, se detecta, en paralelo, una dificultad creciente para cargar al máximo los camiones, especialmente en servicios de carga fraccionada.

Esta situación provoca, a juicio de algunos clientes, que se están produciendo incrementos puntuales de los precios de los servicios de transporte, especialmente en algunos destinos internacionales.

Sin embargo, no se vislumbra falta de capacidad de oferta de transporte, pese a que no se está produciendo un trasvase generalizado de aquellos segmentos cuya actividad se ha paralizado a esos otros que mantienen una cierta regularidad.

En este sentido, se detecta un cierto recelo generalizado en los servicios, con muchos transportistas preocupados por una definición exacta de las condiciones de contratación del servicio.

El coste del retorno

Consecuentemente, se está generalizando la inclusión en el precio del servicio del coste del retorno, con lo que, por un lado, los transportistas se garantizan cierta rentabilidad en sus operaciones y, a su vez, los clientes cierran servicios de transporte que, de otra manera, tendrían más dificultades para contratar.

De igual manera, algunos cargadores también han detectado, como ha podido comprobarse en el último webinar celebrado la semana pasada por Aeutransmer, que algunas empresas prefieren no cubrir expediciones a ciertos destinos.

En este sentido, los transportistas están empezando a valorar servicios en función del riesgo que comportan, así como de la rentabilidad que les ofrece ir a un lugar del que tendrán que volver de vacío, sin cubrir mínimamente los costes que genera el regreso a sus bases.

Así pues, algunos clientes estiman que si la situación de crisis sanitaria llegase a prolongarse demasiado, podría producirse una falta de camiones, al romperse los pocos flujos que se mantienen activos para el movimiento de actividades esenciales.