Los grandes siniestros marítimos se encuentran en un mínimo histórico, tras reducirse en un 20% en términos interanuales, según el informe Safety & Shipping Review 2020 de Allianz Global Corporate & Specialty.

Así pues, en 2019, se notificaron 41 siniestros totales de buques en todo el mundo, frente a los 53 del año precedente, lo que implica una disminución de aproximadamente el 70% en más de diez años.

Esta rebaja es el resultado de esfuerzos sostenidos en las esferas de la reglamentación, la capacitación y el avance tecnológico, entre otros aspectos, de tal modo que desde 2010 se cuentan más de 950 siniestros marítimos.

Según el informe, la región marítima de China meridional, Indochina, Indonesia y Filipinas sigue siendo el lugar de mayor siniestralidad, con 12 buques en 2019 y 228 buques en el último decenio, uno de cada cuatro del total de siniestros, mientras que el Golfo de México, con cuatro, y la costa de África occidental, con tres, ocupan el segundo y el tercer lugar.

Por otra parte, los buques de carga, con quince, representaron más de un tercio de los siniestros marítimos en el último año, mientras que los naufragios fueron la principal causa del total de siniestros, representando tres de cada cuatro, para un total de 31.

Además, el mal tiempo fue la causa de uno de cada cinco siniestros, mientras que los problemas relacionados con los buques de transporte de automóviles y los buques de carga rodada siguen siendo una de las principales preocupaciones de seguridad, ya que tanto sus siniestros, como los incidentes menores crecen.

Aunque el sector naviero ha seguido operando durante la pandemia, a pesar de las perturbaciones en los puertos y en los cambios de tripulaciones, la reducción de la navegación debido a las restricciones del coronavirus podría causar una disminución temporal de la tasa de siniestros.

Posibles incrementos en los riesgos

Sin embargo, en este escenario, el informe también destaca diez desafíos que podrían aumentar los riesgos, como la incapacidad de cambiar las tripulaciones que podría incrementar los errores humanos a bordo de los buques.

De igual manera, la interrupción de las actividades esenciales de mantenimiento y servicio aumenta el riesgo de daños en la maquinaria, mientras que la reducción o el retraso de los peritajes reglamentarios y las inspecciones portuarias podría dar lugar a que no se detectaran prácticas inseguras o equipos defectuosos.

Al mismo tiempo, es probable que se produzcan daños y demoras en los fletes a medida que las cadenas de suministro se vean sometidas a presión.

Por otra parte, la capacidad de responder rápidamente a las emergencias también podría verse comprometida, con consecuencias sobre los incidentes graves que dependen de la ayuda externa y, del mismo modo, el creciente número de buques de crucero y petroleros en atraque en todo el mundo supone una importante exposición financiera.