Como era de esperar, los primeros encuentros entre organizaciones empresariales y centrales sindicales para iniciar las negociaciones que habrán de culminar con la redacción de un III Acuerdo General han servido para constatar las amplias distancias existentes entre las partes.

De un lado, entre los sindicatos existe la percepción de que las patronales del transporte no tienen una unidad de acción que les permita maniobrar en las conversaciones, y, por otro, también corre la misma opinión, pero en sentido contrario, ya que las asociaciones empresariales perciben entre los representantes de los trabajadores diversas ramas más duras o más próximas a llegar a un acuerdo, pese a que sí que han presentado propuestas conjuntas en los contactos que se han producido.

Lo cierto es que las primeras reuniones, centradas especialmente en analizar el ámbito de aplicación del próximo Acuerdo General, se han quedado en tan poca cosa que se corre el riesgo de que la negociación se alargue en el tiempo, con el consiguiente aporte de tensión, la pausa veraniega ya a la vista y la posibilidad de llegar más allá de los primeros meses de 2020, pese a que tanto unos como otros coinciden en que el marco laboral fijado en el II Acuerdo General está obsoleto y debe adecuarse a un sector que en la próxima década va a tener que hacer frente a cambios de gran calado.