En los últimos meses se han producido dos grandes casos de escasez de producción a escala planetaria en dos ámbitos diametralmente diferentes.

Los dos comparten un mismo escenario, dibujado por una brutal demanda, que contrasta con las dificultades que se han dado en la producción de ambos bienes y que han venido impidiendo una llegada fluida de los dos productos a los mercados.

Por un lado, Sony se ha visto sobrepasada por la gigantesca demanda que se ha generado en todo el mundo para adquirir su nueva consola de videojuegos, la PS5, precisamente en momentos en que el consumo más repunta.

Centenares de miles de niños y jóvenes de múltiples países se han quedado estas Navidades sin su ansiado regalo, aunque la tecnológica japonesa dice haberse puesto las pilas para intentar producir a gran velocidad 3,5 millones de consolas para abastecer una demanda exigente.

De hecho, tras estar sin stock desde mediados de diciembre pasado, parece que ya vuelven las existencias a los establecimientos comerciales, aunque con unidades contadas, por lo que se está generando un mercado paralelo de precios disparatados.

La vacuna a ‘cuentagotas’

En otro ámbito, las vacunas aprobadas contra la covid-19 van llegando con cuentagotas a los principales países europeos, que ya han puesto el grito en el cielo.

A ellos se ha sumado la Comisión Europea, toda vez que se ha adquirido un gran volumen de producción del compuesto farmacéutico anticipadamente, para que a las primeras de cambio se anuncien retrasos.

Sin embargo, si, por un lado, en el caso de Sony sí que puede haberse dado cierto juego con la expectación que genera u nuevo dispositivo en un mercado siempre ávido de novedades como es el de las nuevas tecnologías, en el caso de las vacunas se da la circunstancia de un producto con unos requisitos de calidad y producción únicos, con unas expectativas imposibles de cubrir.

De hecho, Pfizer ha anunciado en las últimas semanas que ralentizará su ritmo de entregas, mientras que AstraZeneca también ha dado cuenta de los retrasos que se van a producir en sus suministros, al tiempo que se especula con que se estaría priorizando con entregas en mayores cantidades para aquellos mercados en que estos compuestos se venden a precios más caros, como es el caso de los Estados Unidos, o en los que los gobiernos están dispuestos a pagar más con tal de tener las dosis suficientes, como podría ser Israel.

También en ambos casos, parece que las cadenas de suministro para bienes caros y escasos como son la videoconsola y las vacunas está engrasada tanto en capacidad para absorber los flujos, como en calidad del servicio, especialmente en el ámbito farmacéutico, en el que cuenta con contrastada experiencia.