En los últimos años, los biocombustibles se han mantenido a un precio significativamente más elevado que los combustibles fósiles en Europa. Por ejemplo, en el periodo 2018/19, que fue bastante estable, se situaba un 72% por encima, según un reciente informe de Transport & Environment.

Así, mientras para el bioetanol importado el precio era un 45% más caro, para el producido en la Unión Europea, el incremento llegaba a ser del 100%. Esta situación se ha visto drásticamente alterada por la pandemia, pues aunque los precios del combustible cayeron durante un breve espacio de tiempo, los del etanol alcanzaron cifras récord por la elevada demanda de desinfectantes.

En 2021, sin embargo, se registró un gran incremento de los precios tanto para los combustibles fósiles como para los biocombustibles, y posteriormente, el inicio de la guerra en Ucrania a finales de febrero de 2022, supuso una nueva sacudida para el mercado.

En este caso, el precio del combustible fósil se disparó, pero el de los biocombustibles lo hizo todavía más. Ya en mayo de 2022, el biodiésel obtenido a partir de aceite vegetal se encontraba casi un 100% más caro que el diésel fósil, mientras que para los obtenidos a partir de grasas animales o aceite de cocina usado, el aumento era de casi el 130%.

La comparación de precios entre los niveles pre-Covid, tomando como referencia la media de enero de 2018 a diciembre de 2019, y los de mayo de 2022, demuestra que los combustibles han duplicado su precio, situándose los biocombustibles incluso a más del doble de precio, mientras que el diésel fósil, la gasolina y el bioetanol se situarían justo por debajo de ese nivel.

Diferentes países europeos, como Finlandia, Letonia, República Checa, Noruega, Suecia y Croacia, están considerando ya relajar las normativas referidas a la mezcla de los biocombustibles, algunos debido a la preocupación por la seguridad alimentaria mundial, otros debido a la preocupación por los precios nacionales de los combustibles.

En este sentido, los precios de las mezclas finales que adquieren los consumidores dependen, entre otras cosas, de los distintos regímenes tributarios y arancelarios. Para su estudio, Transport & Environment se ha guiado por los precios mayoristas y los ha comparado con el equivalente fósil para generar la misma energía.

Precios combustibles

Los resultados, por tanto, no hablan del coste para los consumidores, sino del coste de utilizar estas mezclas en el transporte por carretera a precio mayorista, es decir, el coste que las sociedades europeas tienen que asumir, ya sea a través de precios minoristas más altos o por pérdida de ingresos fiscales, pues los biocombustibles reciben una tratamiento fiscal preferencial.

Así, se estima que el gasto extra total atribuible a los biocombustibles con respecto al uso exclusivo de combustibles fósiles, para proporcionar la misma cantidad de energía, sería de 7.300 millones de dólares anuales para los años 2018 y 2019, pero aumentaría a 18.300 millones según los precios de mayo de 2022.

La mayoría de estos costes están relacionados con los biocombustibles que no son realmente una solución para reducir las emisiones del sector del transporte. Por ejemplo, desde la Asociación sostienen que los obtenidos a partir de cultivos son peores para el clima y la biodiversidad, y contribuyen al aumento de los precios de los alimentos.

En su caso, los biocombustibles a partir de grasas animales dependen de la ganadería industrial, lo que tiene un impacto dramático en el clima, la naturaleza y el bienestar de los animales. Respecto al aceite de cocina usado, no tiene estas consecuencias negativas, pero su oferta es muy limitada.

No son «una solución real«

Por tanto, desde Transport & Environment entienden que los biocombustibles no serían una solución real para las actuales necesidades energéticas en el transporte por carretera y que contribuyen a elevar los costes para los ciudadanos, por lo que reclaman una mayor aceleración de la electrificación en el transporte.

En su opinión, «los miles de millones desperdiciados en biocombustibles deberían utilizarse para impulsar una transición hacia una sostenibilidad real en el transporte«.

Por ello, han hecho un llamamiento a la Comisión Europea, al Consejo y al Parlamento Europeo para que frenen de inmediato el uso de cultivos para los biocombustibles y limiten la normativa para biocombustibles avanzados obtenidos a partir de residuos.

Aunque es una medida que pueden tomar los propios países a nivel nacional, también sería necesario que introdujeran cambios en la Directiva de Energías Renovables, actualmente en revisión.

 

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