No se sabe muy bien si las últimas declaraciones de la ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, en relación con el paro nacional convocado por los transportistas, obedecen a un profundo desconocimiento sobre sus propias responsabilidades en relación con un sector relegado al último escalafón de importancia, achacable al poco tiempo que lleva en el cargo, o al profundo cinismo del que hace gala constantemente la clase política española.

En un acto público celebrado hoy, 11 de noviembre, la ministra ha explicado que muchas de las reivindicaciones que piden las patronales del transporte exceden de las competencias del Gobierno, según recoge Europa Press, dado que se enmarcan dentro las «relaciones privadas» que tienen los transportistas con los cargadores.

Esta clara alusión a la regulación de la prohibición de las labores de carga y descarga por los conductores de camión parece no tener en cuenta precedentes similares en otros países de nuestro entorno, de los que el caso portugués es el más reciente y ejemplificador.

Así mismo, la ministra tampoco parece tener en cuenta la responsabilidad inspectora que tiene la Administración en relación con los precios de los servicios de transporte, cuando hay legislación al respecto que languidece sin aplicarse no solo en el transporte, sino en otros sectores productivos en los que las ventas por debajo de costes son la norma.

En definitiva, la ministra se lava las manos, mientras asegura su «disposición total y absoluta a seguir hablando» y afirma que «conseguiremos superar esta crisis».

Al tiempo, es también sorprendente que haya tenido que ser otra ministra, Nadia Calviño, de Asuntos Económicos y Transformación Digital, la que ha hecho referencia al papel «estratégico» del sector y al señalar que «hay tiempo» para encontrar un acuerdo antes de una movilización que, a su juicio, no es deseable en fechas tan próximas a la Navidad.

Desde luego, sus declaraciones más que facilitar una supuesta intermediación parecen destinadas a enconar aún más el conflicto. Sin duda, confía, como ya han hecho otros dirigentes políticos en ocasiones anteriores, en que las circunstancias económicas consigan romper la unidad del sector y, llegado el caso, forzar un fracaso del paro o intentar zanjarlo con migajas.

 

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