Según dicen muchos expertos, la crisis sanitaria está impulsando cambios radicales en la movilidad y en el comportamiento de los consumidores que podrían convertirse en tendencias de largo recorrido en el camino hacia la recuperación.

En este contexto convulso, Uber ha decidido acumular músculo financiero y a mediados de mayo ha lanzado entre inversores institucionales una emisión de bonos por un valor inicial de 750 millones de dólares, unos 694 millones de euros, y que ha sido posteriormente ampliada a los 900 millones de dólares, aproximadamente 833 millones de euros al cambio.

La compañía tiene previsto utilizar esta inyección de capital en circulante, así como en futuras «adquisiciones potenciales y transacciones estratégicas».

En esta línea, el movimiento de Uber coincide con los rumores de compra por la empresa de la plataforma de reparto de comida a domicilio GrubHub.

Con este posible movimiento empresarial, Uber se haría con una posición privilegiada en el reparto de comida a domicilio en los Estados Unidos, un segmento que está experimentando un fuerte crecimiento durante la crisis sanitaria, pero que aún así presenta grandes riesgos financieros y que está lejos de la consolidación.

Así mismo, algunos analistas vaticinan que esta operación podría causar un efecto dominó en el mercado estadounidense de reparto domiciliario de alimentación que también podría saltar fronteras.