Alcanzar los objetivos de descarbonización del transporte requiere un impulso decidido de los gases renovables. Así se desprende del Observatorio para la descarbonización del Transporte, elaborado por PwC para Gasnam y presentado en el Green Gas Mobility Summit, para ayudar a administraciones y empresas a tomar decisiones informadas para avanzar con mayor certidumbre en la descarbonización del transporte.
El informe subraya que las decisiones tomadas entre 2025 y 2030 definirán el éxito en el cumplimiento de las metas de descarbonización para 2040, considerando la inercia del sector y los largos periodos de maduración de los proyectos industriales. En este sentido, los objetivos de reducción de emisiones del transporte son alcanzables a través de una solución multitecnológica basada en el despliegue de nuevas cadenas de suministro energético, pero es preciso acelerar las inversiones en infraestructuras, capacidad industrial y adaptación de flotas.
Dentro de esta hoja de ruta, los gases renovables emergen como una pieza fundamental para la transición. En el caso del transporte marítimo, España es ya un referente en materia de descarbonización gracias a combustibles como el GNL y el BioGNL, y todo apunta a que seguirá siéndolo con el hidrógeno verde. De hecho, en 2026 ha aumentado un 69% su actividad de bunkering, un área en la que en 2025 superó a un puerto como Róterdam, acercándose cada vez más a un hub mundial como Singapur.
Biometano e hidrógeno para la carretera
En lo que se refiere a la carretera, cada vez más operadores de larga distancia apuestan por el biometano para sus flotas, apoyados en una red de estaciones de repostaje en expansión. No obstante, según las estimaciones de este estudio, España necesitará alcanzar las 278 plantas de biometano en 2040 para contribuir al cumplimiento de los objetivos climáticos del transporte, complementando el desarrollo del hidrógeno, la electrificación y otras tecnologías bajas en carbono.
Además, se ha recordado que los vehículos de gas son ya una tecnología madura que, incluso con gas natural fósil, emiten un 30% menos de CO₂ que los líquidos, y que ese mismo vehículo pasa a ser neutro en carbono cuando reposta biometano. Por ello, se ha puesto el foco en la colaboración público-privada como factor estratégico para industrializar este vector energético y producir biometano en España a partir de los residuos.
El Observatorio también ha constatado que el hidrógeno renovable utilizado en las refinerías para descarbonizar los carburantes ya no bastará para cumplir la directiva REDIII a partir de 2030. El aumento de la ambición regulatoria en el transporte por carretera obligará a dar el salto al consumo directo de hidrógeno en el transporte mediante vehículos de pila de combustible y el desarrollo de una red de hidrogeneras de ámbito nacional.
Producción de hidrógeno
Los combustibles sintéticos o derivados de hidrógeno están también llamados a desempeñar un papel relevante, especialmente en el transporte marítimo y aéreo, lo que requerirá un escalado masivo de la producción de hidrógeno renovable y el desarrollo de la infraestructura que conecte la producción y el consumo.
En concreto, el observatorio estima que la capacidad de electrólisis que va a requerir el sector del transporte para alcanzar sus metas será de entre 7 y 12 GW equivalentes a una demanda superior a 6 millones de toneladas de hidrogeno y derivados en 2040. Aunque esta cifra supera la capacidad correspondiente a los proyectos que actualmente han adoptado la decisión final de inversión en España, el potencial de los proyectos en desarrollo permitiría cubrir esta necesidad si se impulsan las medidas regulatorias necesarias para acelerar su ejecución.
El estudio señala que el aprovechamiento de los recursos nacionales para la producción de biometano e hidrógeno representa una oportunidad clave para responder a las necesidades energéticas del transporte, reducir la dependencia exterior y convertir la transición en una palanca de desarrollo económico y liderazgo regional para la Península Ibérica.