El mercado español de fusiones y adquisiciones en transporte y logística ha mantenido un ritmo sólido en los últimos meses pese a la volatilidad geopolítica y el aumento de los costes operativos.
Según el último informe de Albia IMAP, en el segundo trimestre de 2026 se completaron 13 operaciones, igualando los datos correspondientes a los tres primeros meses del año. No obstante, la actividad se moderó ligeramente respecto al mismo periodo de 2025, cuando se contabilizaron 15 transacciones.
En el primer semestre, el mercado acumuló 26 operaciones, dos menos que en la primera mitad de 2025, lo que refleja una evolución estable en un contexto marcado por la incertidumbre económica y el endurecimiento de las condiciones de financiación.
En lo que respecta al perfil del comprador, los industriales fueron el principal motor del mercado, al protagonizar el 69% de las operaciones, frente al 31% correspondiente a compradores financieros. Por origen, la actividad doméstica representó también el 69% del total, mientras que las transacciones de carácter transfronterizo supusieron el 31%.
A nivel internacional, una de las operaciones más destacadas del trimestre es la adquisición de FedEx Supply Chain por parte de CMA-CGM, a través de Ceva Logistics, para ampliar sus capacidades logísticas y avanzar en su posicionamiento como proveedor integral de soluciones end-to-end.
Volatilidad geopolítica
Las tensiones en torno al Estrecho de Ormuz han generado alteraciones recurrentes en los flujos marítimos internacionales en los últimos meses y han aumentado la incertidumbre sobre las cadenas de suministro.
El precio de los fletes se situaba a finales de julio aproximadamente un 83% por encima de los niveles registrados a comienzos de año y las perspectivas para los próximos meses apuntan a nuevas subidas. A ello se suma una temporada alta adelantada y más intensa de lo esperado, que ha acelerado la absorción de capacidad disponible y tensionado las principales rutas comerciales.
Del mismo modo, el repunte de los precios energéticos ha incrementado significativamente los costes operativos de las compañías de transporte por carretera, mientras que la elevada fragmentación del mercado ha limitado la capacidad de trasladarlos a los clientes. Como consecuencia, ha aumentado la presión sobre los márgenes, especialmente en los segmentos más expuestos a la competencia por precio.