El Gobierno ha aprobado la nueva jubilación flexible para permitir que quien ya cobra una pensión pueda volver a trabajar sin perderla por completo. La medida alcanza también a los trabajadores por cuenta propia, pero su efecto real sobre este colectivo apunta a ser muy reducido por las condiciones de acceso y por la existencia de una fórmula previa más ventajosa.
Ahí aparece la principal contradicción. Aunque la reforma abre una vía específica para compatibilizar actividad y pensión, la opción que ya estaba disponible desde hace más de 19 años, la jubilación activa, sigue ofreciendo más recorrido económico y menos límites para la mayoría de los casos.
La nueva jubilación flexible solo permite cobrar el 25% de la pensión
La jubilación flexible está pensada para quienes ya se han jubilado y deciden reincorporarse después a la actividad.
En ese esquema, el acceso es inmediato y no exige esperar un año de carencia. A cambio, solo permite percibir el 25% de la pensión y además veta esta opción a quien haya estado de alta como autónomo en los tres años anteriores. Esa combinación reduce mucho su atractivo en actividades donde el cálculo depende de mantener ingresos suficientes mientras sigue habiendo gastos fijos de vehículo, seguros, combustible o estructura.
ATA considera que el impacto será prácticamente nulo porque la alternativa ya existente ofrece mejores condiciones. En las previsiones para los próximos seis años, apenas unos 1.800 optarían por la fórmula flexible frente a entre 120.000 y 150.000 que elegirán la activa.
La jubilación activa mantiene una ventaja clara para seguir en la actividad
La diferencia principal está en el momento de acceso y en el dinero compatible con el trabajo. Mientras la jubilación flexible se pide después de retirarse, la activa se solicita antes de entrar en la jubilación ordinaria y permite elevar de forma progresiva el porcentaje de pensión hasta llegar al 100%.
Ese diseño deja a la nueva figura en una posición secundaria, pese a que incorpora la novedad de extenderse también al trabajo por cuenta propia, como recoge las nuevas medidas aprobadas para compatibilizar pensión y actividad.
Además, la jubilación flexible sí permite recalcular la base reguladora cuando hay cotización durante ese periodo.
Ese punto puede mejorar la pensión en quienes se retiraron de forma anticipada y vuelven a cotizar después. También existen incentivos adicionales para quienes pidan la jubilación flexible seis meses después de acceder a la pensión, en función del porcentaje de jornada parcial.
Con todo, esos incentivos no compensan para la mayoría de los casos la distancia frente a la jubilación activa. El propio debate sobre retiro y continuidad en el sector ya coincidía con la tramitación conjunta de otras medidas de jubilación para conductores.
La previsión más concreta que maneja ATA mantiene esa diferencia de escala, con unos 1.800 potenciales usuarios de la jubilación flexible frente a entre 120.000 y 150.000 que optarían por la jubilación activa durante los próximos seis años.