Era cuestión de tiempo que los efectos de la guerra de Irán sobre los precios de los combustibles se dejaran notar de manera significativa en las dinámicas que mueven el transporte europeo.
Una vuelta de tuerca más
Los precios disparados del gasóleo se suman a una coyuntura que ya venía mal desde antes, con escasez de conductores, una capacidad menguante y unas empresas que cada vez más tienden a centrarse en un segmento spot más rentable.
En este sentido, las empresas europeas de transporte vienen constatando que esta coyuntura de altos costes del combustible les obliga a tener más en cuenta que nunca los gastos asociados a los trayectos de regreso a sus bases.
Esta situación es especialmente perceptible, como refiiere el último análisis de Freight Perspectives, al caso de los países nórdicos.
Con más detalle, en los dos últimos se han disparado los rechazos a cubrir servicios entre Alemania y Dinamarca, especialmente las asociadas a contratos de larga duración, ya que los transportistas han comprobado que los precios fijados no les permiten cubrir los costes.
Así pues, gran parte de las cargas que se mueven en esta ruta se están desplazando al segmento de contratos específicos, en el que se paga mejor y permite incrementar la rentabilidad, teniendo en cuenta tanto la ida, como la vuelta.
La duda está ahora en si este mismo esquema podría extrapolarse a otros países que no tienen el trato fiscal diferenciado para los combustibles que hay en Escandinavia. Todo dependerá de si la crisis en Oriente Medio se cierra antes o después, permitiendo que los precios de los carburantes bajen.