Europa acarrea un temor desde el siglo XX, la dependencia energética pero las primeras décadas del siglo XXI están empezando a destapar un problema mayor: la dependencia alimentaria e industrial.

Con una industria agraria anquilosada y dependiente de exclusivos usos alimentario y grandes extensiones de tierra en Europa abandonadas, cambiado su uso o limitadas en su productividad, el análisis para solucionar una crisis alimentaria es simplista “desvisto un santo para vestir otro”, es decir socavo los cimientos del poco biorrefino que sobrevive en Europa interrumpiendo las obligaciones de incorporar combustible renovable.

A corto plazo puede parecer una buena solución, pero a medio plazo, si desaparece esta industria desaparecerá una parte de la demanda de materias primas, con ella cientos de agricultores y ganaderos que competían gracias a la valoración del cereal europeo a través del biorrefino. El resultado será una mayor dependencia de la proteína de soja,  de los combustibles importados y una peor posición en la siguiente crisis.

EEUU es el primer productor mundial de bioetanol y proteínas a traves del biorrefino. Gracias a su diversificación energética y alimentaria, y a pesar de su brutal demanda, se permite, no solo ser autosuficiente sino exportar energía y alimentos. En EEUU la industria del bioetanol ha reforzado su agricultura, ha creado una demanda adicional de cereal que en caso de crisis alimentaria podría surtir de alimento a mesas y granjas. Mientras no haya crisis EEUU exporta los productos de la industria del biorrefino ,bioetanol y proteína concentrada,  al resto del mundo.

Para los que consideran que los costes laborales están en la esencia de la falta de competitividad del campo europeo, en EEUU la industria rural asociada aporta la competitividad y un nivel  renta agraria cómodo, la renta que Europa no consigue a pesar de sus cuantiosos planes de ayuda.

China ha estado fomentando la producción de biocombustibles como etanol y metano a partir de recursos renovables para reducir la creciente dependencia del país del petróleo importado, adicionalmente, con el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria, el Gobierno Chino ha puesto énfasis en el mantenimiento de un área de tierra cultivable no menor de 120 millones de hectáreas.

Europa no tiene una hoja de ruta del biorrefino, pero la industria ha cosechado grandes avances de la mano del capital privado, recientemente la Asociación Europea EPURE informaba que el sector ya produce más pienso que combustible, una prueba más de que los biocombustibles también pueden contribuir a la estabilidad alimentaria.

En EEUU la industria del bioetanol ha reforzado su agricultura, creando una demanda adicional de cereal que en caso de crisis alimentaria podría surtir de alimento a mesas y granjas

Esa industria de coproducción de alimentos y energía ha permitido implementar avanzadas técnicas agrarias, aumentar la productividad del suelo, reducir coste y emisiones en el cultivo e introducir a nivel industrial técnicas de captura de CO2 en las biorrefinerías. El bioetanol ha pasado en 10 años de reducciones de CO2 del 50% a superar el  77%.

Integrar las producciones de primera y segunda generación y producir H2 con captura son los retos de futuro, para convertir el biorrefino en una industria circular que nos permita limpiar la atmósfera (balance negativo de emisiones y residuos)

Eliminar la industria del biorrefino europea abre la puerta a una mayor dependencia de los combustibles fósiles, de la proteína de soja importada y a perder una nueva oportunidad para nuestra industria rural y agroalimentaria.