Cuando se habla de sostenibilidad, a menudo se comete el error de pensar únicamente en su enfoque medioambiental, ligado fundamentalmente al ahorro de emisiones y, si bien es cierto que es una dimensión importante, no es menos cierto que existen otras dos que hacen que la actividad perdure en el tiempo: la componente social y la económica.

En relación a la sostenibilidad ambiental, los cargadores son conscientes del impacto que provoca el transporte de sus mercancías y la necesidad de avanzar en la reducción de las emisiones de CO2 asociadas. Además, nuestro colectivo tiene una responsabilidad que se ve incrementada por su papel de prescriptor de muchas de las soluciones que se desarrollan aguas abajo, al seleccionar un modo de transporte, una ruta, un tipo de vehículo, etc.

Esta responsabilidad le impulsa a medir la huella de carbono de cada una de sus operaciones de transporte y establecer objetivos de reducción de emisiones. Ya no valen las estimaciones ni las generalidades, el cargador quiere conocer exactamente los impactos de su expedición, ya sea un camión, un contenedor marítimo o aéreo o un vagón ferroviario.

También deberá conocer en profundidad las posibilidades de ahorrar emisiones, y no solo las relacionadas con el vehículo, sino también las de un almacén o un puerto que, p.e., hayan implantado medidas de eficiencia energética o uso de renovables en sus instalaciones.

El cargador quiere conocer exactamente los impactos de su expedición, ya sea un camión, un contenedor marítimo o aéreo o un vagón ferroviario.

La sostenibilidad económica es clave para la supervivencia de cualquier empresa y en este sentido, los cargadores necesitarán proveedores de transporte que tengan continuidad en el tiempo asegurando su sostenibilidad económica, medida en términos de rentabilidad actual y futura.

Este requisito lo pueden cumplir desde grandes empresas a pequeños autónomos pero, en cualquier caso, deberán tener recursos suficientes para dar respuesta a los retos que se presentan relacionados con la descarbonización, la digitalización o la gestión de RR.HH. necesaria para atraer y retener personal de conducción.

Aunque el objetivo de las empresas sea obtener una adecuada rentabilidad económica, deben contribuir, al mismo tiempo, al bienestar de los grupos de interés relacionados con sus actividades, en el marco de una sostenibilidad social bien entendida.

Uno de los principales grupos de interés lo constituye el personal externo que accede a las instalaciones del cargador, lo que se conoce como la “plantilla invisible”, entre la que destaca el conductor profesional. Hay que profundizar en las acciones encaminadas a mejorar su bienestar durante su estancia en nuestros centros, minimizando los tiempos de carga y descarga y disponiendo de zonas de aseo y de descanso debidamente equipadas.

Desde la Plataforma Truck Friendly Movement se está elaborando una guía para que las empresas cargadoras incorporen éstas y otras medidas en sus políticas de responsabilidad social corporativa (RSC), en las que actualmente no existe ninguna referencia al conductor.

En el contexto de la RSC hay un último aspecto relacionado con el Compliance, que es la diligencia debida o Due Diligence. En su aspecto social, la Due Diligence tiene el objetivo de evitar los riesgos de abusos contra los derechos humanos del personal de toda la cadena de suministro. Se trata, en particular, de las condiciones de trabajo como horarios, mano de obra infantil, seguridad laboral, PRL, etc.

En 2021, Alemania aprobó la ley de diligencia debida en las cadenas de suministro y muchos cargadores ya se están asegurando de que sus proveedores de transporte se comportan con una conducta ética.