Conseguir una movilidad más sostenible y respetuosa con el medio ambiente se ha convertido en una prioridad global. La pandemia nos ha obligado a darnos cuenta de la fragilidad de las cadenas de suministro globales, y esto nos ha llevado a replantear el modelo global de suministros y consumo. Hemos pasado de comprar de una determinada manera a hacerlo de otra completamente distinta, con la ayuda de la tecnología, en un vuelco hacia un modelo de consumo que no es sostenible en el largo plazo.

En el ámbito de la distribución urbana, que ha sufrido una explosión como consecuencia de la pandemia, es preciso asumir un cambio de visión del problema. Hasta ahora las medidas que se plantean, se centran en resolver el problema del transporte urbano. Apuntan al efecto, pero no a la causa. Cuando en realidad, los problemas en la distribución urbana tienen que ver con los cambios en los hábitos de consumo y en cómo se atiende esa demanda en su conjunto.

Ahora el partido se juega en las ciudades y si la logística que se demanda es una logística urbana, la logística tiene que estar en la agenda.

Hay que implicar a todos los agentes que participan en la cadena de valor. Y a partir de ahí, plantear un modelo que las ciudades asuman como algo propio, mediante el desarrollo de infraestructuras y con un nuevo modelo de gobernanza. Se trata de buscar una solución armoniosa, afrontando todo esto desde un enfoque sistémico.

Por eso es preciso asumir que el problema no es de transporte. No se trata de que todos los vehículos sean eléctricos, porque así la congestión no se eliminará. ¡El efecto y no la causa!

No se trata de que todos los vehículos sean eléctricos, porque así la congestión no se eliminará. ¡Otra vez el efecto y no la causa!

Además, se busca la solución trasladando el esfuerzo al último eslabón de la cadena, que es el más débil, autónomos en muchos casos, que carecen de la capacidad de inversión o de reacción. Y todo ello en un entorno como el de las ciudades, que no sólo no están pensadas para esto, y que cuentan con unas ordenanzas de movilidad y urbanísticas que tampoco lo prevén.

Por eso, la nueva cadena de suministro exige replantear los modelos para que den una respuesta adecuada a lo que demanda el mercado, pero desde una perspectiva no tan basada en el coste, sino en la resiliencia y en la sostenibilidad. Y esto sólo es posible planteando soluciones conjuntas en las que participe toda la sociedad. Lo queramos o no.