Los supermercados y autoservicios españoles cuentan con una infraestructura de refrigeración para hacer frente a las altas temperaturas típicas en la zona y a las sucesivas olas de calor que sufre España desde junio. A pesar de ello, existe una gran inquietud entre las empresas de la distribución de alimentación por el estricto calendario que impone el Reglamento 2024/573 sobre los gases fluorados de efecto invernadero, conocido como F-Gas, para la transición hacia gases refrigerantes de bajo Potencial de Calentamiento Atmosférico.
Esta norma, explican desde Asedas, no ha tenido en cuenta las necesidades de frío en países con altas temperaturas medias. Además, el sector dispone de apenas cuatro años -hasta 2030- para desescalar en el uso de los gases fluorados actuales, mientras que la industria frigorífica fija un horizonte más realista en el año 2032. En este sentido, la distribución alimentaria solicita que se realice una revisión más ajustada al estado de la tecnología, a la disponibilidad de las soluciones alternativas y de los gases fluorados adecuados.
Entre los principales problemas que podrían impedir cumplir los plazos, destaca la falta estructural de mano de obra especializada, pues se estima un déficit de casi 10.000 técnicos cualificados en España para acometer las reformas necesarias. Mientras que el volumen de trabajo derivado de la transición tecnológica ha crecido un 30%, las plantillas del sector de la instalación frigorífica solo han aumentado entre un 5 y un 10%, según la Asociación de Empresas del Frío y sus Tecnologías.
Asimismo, de cara a 2027 la F-Gas propone una bajada de cuota de los gases fluorados actuales según su PCA, lo que ya está suponiendo que los gases más comunes y que sirven como transición estén empezando a no comercializarse, con el riesgo de desabastecimiento para mantener las tiendas hasta su reforma definitiva. Esto implica que soluciones de transición podrían no estar disponibles.
Por otra parte, la reconversión de las instalaciones de los supermercados y autoservicios requiere una inversión que supera los 2.500 millones para las empresas, según Asedas. La capacidad de absorción de costes de inversión tan elevados puede poner en riesgo el funcionamiento de algunas tiendas por la imposibilidad técnica o económica de adaptar sus equipos para garantizar la cadena del frío.
Cabe recordar que, según su Informe de Distribución Alimentaria de Proximidad 2025 junto a Retail Data, el 40% de la red de supermercados y autoservicios ha sido inaugurada o reformada integralmente en el último lustro, incluyendo cambios en las instalaciones de frío, muchas de las cuales se ven ahora enfrentadas al problema de adaptarse a las nuevas exigencias de refrigeración cuando aún no han sido amortizadas.