Crédito y Caución ha analizado las perspectivas de crecimiento del sector de la automoción para 2026 y 2027 en Europa, que señalan una contracción de la producción del 0,6% por tercer año consecutivo, antes de recuperarse modestamente un 1,2% en 2027. El proteccionismo comercial, una transición desigual hacia los vehículos eléctricos y la escasa confianza de los consumidores están lastrando la producción en la mayoría de los principales mercados.
Se trata, de hecho, de un sector muy expuesto a las tensiones geopolíticas, como ha quedado de manifiesto ante el anuncio de China de imponer estrictos controles de exportación sobre las tierras raras. La decisión se suavizó poco después, pero puso de manifiesto la vulnerabilidad de los fabricantes de automóviles occidentales debido a su elevada dependencia de minerales críticos.
Además de los factores geopolíticos, la evolución de la automoción también está muy ligada al poder adquisitivo de los hogares, que se está viendo mermado por los efectos del conflicto en Oriente Medio y las nuevas tasas arancelarias.
A ello se suma una pérdida de competitividad de los fabricantes europeos en cuanto a la producción de vehículos eléctricos, a pesar de que las ventas mundiales de vehículos híbridos y eléctricos representarán el 59% de las ventas mundiales de vehículos ligeros en 2030, frente al 10% de 2020.
Los fabricantes de piezas para vehículos con motor de combustión tendrán que adaptarse o se enfrentarán a la desaparición. La pregunta es cuánto tiempo más tendrán que invertir en tecnología de motores de combustión interna en lugar de centrarse por completo en la electrificación.
También se está observando una reducción de los márgenes y un aumento de los retrasos en los pagos y de las insolvencias en los principales mercados. En Alemania, los fabricantes están aplicando importantes medidas de reducción de costes, como grandes recortes de plantilla.
Además, los bancos se muestran cada vez más restrictivos a la hora de conceder préstamos a los proveedores del sector de la automoción. En resumen, las empresas europeas se enfrentan a importantes retos que amenazan el dinamismo del sector y están lastrando su crecimiento, por lo que tendrán que aprovechar las escasas palancas actuales de impulso de la demanda, como la bajada de los precios, los incentivos a la compra y las políticas de reducción de CO₂, para volver a pisar el acelerador.