Cada vez parece más claro que la transición energética en el transporte de mercancías por carretera de larga distancia no es cuestión sencilla, ni tan rápida como puede ser en otros segmentos de actividad.

De hecho, la transición energética plantea en el transporte de mercancías por carretera de larga distancia el dilema de si jugarlo todo a la carta del hidrógeno o, por el contrario, ir utilizando algunas tecnologías que ofrecen reducciones significativas de las emisiones contaminantes en un contexto de transición.

Así pues, parece que la tendencia es ir avanzando en ambos caminos.

Los biocombustibles son una realidad que permite reducir emisiones contaminantes desde el primer momento, avanzando en el cumplimiento de los objetivos de reducción de emisiones fijados”

Por un lado, se trata de que la tecnología vaya evolucionando hasta conseguir que los vehículos pesados de hidrógeno sean no solo una realidad, sino un vector de operativa que suponga mejoras con respecto a los actuales motores de combustión interna.

De igual modo, por otro lado, también se trata de aprovechar todo el potencial que ofrecen tecnologías ya desarrolladas y que pueden aportar reducciones significativas de las emisiones de un modo inmediato y sin perjudicar a la competitividad, flexibilidad y capilaridad que ofrece actualmente el transporte de mercancías por carretera.

Además, solo de este modo pueden conseguirse los ambiciosos objetivos de reducción de emisiones que se han fijado para los próximos años.

En este último ámbito, los motores de combustión interna ofrecen un potencial de mejora en cuanto a reducción de emisiones que les permite seguir ofreciendo un alto grado de rendimiento.

Ello puede conseguirse de diversas maneras. La primera de ellas es incorporar mejoras técnicas que permitan minimizar las emisiones utilizando gasóleo y la segunda se centra en el uso de alternativas sintéticas para un combustible más sostenible desde un punto de vista medioambiental.

Los biocombustibles tienen importancia en aquellos segmentos en los que el desarrollo tecnológico no ofrece aún alternativas realistas a los derivados del petróleo”

Con esta doble estrategia se puede conseguir un transporte de mercancías más sostenible sin que pierda eficiencia, algo imprescindible en un escenario de crecimientos destacados de los volúmenes a transportar para los próximos años, incluso teniendo en cuenta un escenario de crisis complejo como el actual, y en el que las economías no pueden perder competitividad, especialmente por un motivo loable como la sostenibilidad frente a otros espacios geográficos en los que la exigencia medioambiental es más laxa.

Sin embargo, todos estos desarrollos requieren de una regulación que permita realizar una transición energética al transporte de mercancías por carretera con las debidas garantías jurídicas y con ayudas para facilitar una renovación de la flota paulatina y eficaz.

En un ámbito con mirada abierta, los ecocombustibles cuentan con una oportunidad para jugar un papel importante en la descarbonización del transporte de mercancías pesado y de larga distancia.

¿Qué son los ecocombustibles?

Los ecocombustibles son combustibles líquidos fabricados a partir de otras fuentes distintas al petróleo que no tienen emisiones de CO2, o las tienen muy bajas frente a los derivados del petróleo.

En concreto, para su fabricación se utilizan materias primas recicladas como, por ejemplo, residuos urbanos, agrícolas y forestales, carbono capturado e hidrógeno verde.

Los ecocombustibles se utilizan actualmente como una mezcla con los combustibles tradicionales en los surtidores y se prevé que su porcentaje se vaya incrementando progresivamente de cara al futuro, con la intención de sustituir a los derivados del petróleo a medida que la tecnología vaya permitiendo incrementar su utilización y su capacidad energética.

En este sentido, el horizonte está fijado para 2050, año en el que todas las estaciones de servicio del continente solo suministrarán biocombustibles. Este año, ese porcentaje es un 10% y sigue aumentando de acuerdo con la normativa europea.

El uso de biocombustibles permite reducir la dependencia energética.

Beneficios de los ecocombustibles

En este sentido, los ecocombustibles se configuran como una fuente de energía importante para la transición energética, aportando toda una serie de beneficios sociales y económicos.

Entre ellos se encuentran la capacidad que tienen para ofrecer rendimiento desde el primer minuto, sin perjudicar, por tanto, a la competitividad del sistema de transporte.

De igual modo, ofrecen una alternativa energética en aquellos segmentos, como el transporte pesado de larga distancia, en los que el desarrollo tecnológico no está en condiciones de aportar posibilidades diferentes a los combustibles tradicionales.

Así mismo, pueden aprovechar la red actual de abastecimiento de carburantes, con lo que su suministro puede hacerse con seguridad y, al mismo tiempo, permiten reducir la dependencia energética. En esta misma línea, la producción de biocombustibles puede tener un alto grado de descentralización, lo que permite realizar una distribución de estos carburantes a nivel regional incluso, lo que facilita la distribución de los biocombustibles en el mercado.

Además, también permite aliviar la presión sobre los operadores para que renueven sus flotas con vehículos más ecológicos, permitiéndoles hacer frente al proceso de cambio de las unidades de una manera programada y acorde a la realidad económica de cada empresa.

De igual manera, se estima que los biocombustibles tienen un campo importante de desarrollo en el transporte por carretera, aprovechando la capilaridad que es posible en su distribución, así como porque el transporte por carretera no se presta, al contrario que otros modos, para repostar en otras zonas de fuera de la Unión Europea, con estándares contaminantes menos exigentes.

Sin embargo, pese a sus evidentes bondades, los biocombustibles requieren de un apoyo normativo que reconozca su papel como parte de la transición energética.

Los biocombustibles requieren de un marco jurídico que permita su utilización con las debidas garantías con el objetivo de facilitar la transición energética”.

Especialmente estos cambios deberían centrarse en el Reglamento europeo de límites de emisiones de CO2, con el fin de dar vía libre a soluciones pragmáticas como la de los biocombustibles que no implican cambiar a corto plazo el modelo actual y que, a la vez, facilitan la transición con reducciones de emisiones palpables desde el primer momento.

Para ello podría ser crucial que se permitiera medir las emisiones en todo el ciclo integral desde la fuente de producción y no solo en el momento en que la energía consumida abandona los tubos de escape.

Ya existen proyectos en desarrollo, como la inversión de 188 millones de euros que tiene prevista Repsol para 2023 y con la que prevé la construcción en la refinería de Cartagena de la primera planta de biocombustibles avanzados de España a través de materias primas recicladas que permitirán una reducción de 900.000 toneladas anuales de CO2 y que suministrará 250.000 toneladas de combustibles para aviones, camiones y coches.  l