El río que corre nunca es el mismo, como los ojos que lo miran. Ya lo dijeron, con sabiduría profunda, los filósofos griegos.

En esta situación anómala provocada por una pandemia con la que nadie contaba, han quedado claras tres cosas. La primera de ellas es que la manipulación de las estadísticas, por torticera que pueda parecer, sirve para justificar medidas y esconder realidades, entre otras muchas cosas.

La segunda tiene que ver con la ‘neolengua‘ propia de la clase política actual, como es lo familiar que se ha vuelto la palabra ‘desescalada’, término con el que las autoridades hacen referencia al conjunto de medidas que deberán de tomarse para intentar volver a lo que el presidente del Gobierno ha llamado «una nueva normalidad».

Sin embargo, y más importante aún, esta palabrería sirve para camuflar que, en vez de a una situación similar a la que había en febrero pasado, vamos hacia una recesión sin precedentes que habrá gestionar de alguna manera, que a buen seguro y tal y como ha adelantado Pedro Sánchez, se irá improvisando sobre la marcha.

Por último, la tercera enseñanza segura de la pandemia de coronavirus consiste en interiorizar que precisamente los sectores que han estado al pie del cañón durante estas últimas, serán los primeros en sufrir las peores consecuencias de esta crisis.

Entre estos sectores, además del sanitario, que no va a ser recompensado por su entrega incondicional, se encuentra la logística y el transporte, que también sufre las consecuencias de la pandemia, sin que el Ejecutivo alcance a comprender la importancia estratégica que tiene para las exportaciones españolas y la competitividad de la economía.

Esta es la deducción que cabe extraer de la comparecencia telemática del presidente del Gobierno de este pasado sábado, quien a una pregunta del periodista Miguel Jiménez en la que se solicitaba al Gobierno una respuesta ante las peticiones de un plan urgente de apoyo al sector, Pedro Sánchez solventó el trance con una respuesta de ocho segundos: «sin duda alguna hablaré con el Ministerio de Transportes así como con el equipo económico para saber exactamente cuáles son las demandas de este sector tan importante para nuestro país«.

Recuperación gradual

Así pues, en este contexto de vuelta «a la nueva normalidad», el presidente del Gobierno ha anunciado este fin de semana que a partir del próximo 2 de mayo empezarán a darse pasos de la ‘desescalada’, un proceso que será gradual, asimétrico y coordinado.

Este proceso, además, parece que será incierto en su evolución, pendiente en todo momento de que no vuelvan a producirse nuevos brotes de la enfermedad que pongan al sistema sanitario al borde del colapso.

Y, como es bien sabido, la incertidumbre atenaza las inversiones empresariales y obliga a las empresas a ir con pies de plomo.

Para este nuevo camino, el Gobierno tiene previsto analizar y aprobar en Consejo de Ministros este martes, 28 de abril, un «cuadro de mandos integral con marcadores cualitativos y cuantitativos» para que los diferentes sectores vuelvan a empezar a trabajar, como parte de un ‘Plan de Desescalada’.

Primero serán las salidas individuales y, posteriormente, irán estableciéndose nuevas medidas. Más, tarde, los meses de mayo y junio parecen clave para la evolución de la economía española a corto plazo.

Este plan incluirá una serie de etapas y, como ha dicho Pedro Sánchez, «bajo condiciones y limitaciones que irán variando con cada avance sucesivo que vayamos dando» y en las que el sector logístico y de transporte volverá perder puntos en las muchas prioridades que llaman la atención de un Gobierno con demasiados frentes abiertos y la indefinición como rasgo constante de su gestión en estas semanas de una nueva era a la que la sociedad mundial se asoma con temor.