Cuando el Covid-19 llegó a Europa, se extendió rápidamente por diferentes zonas. En cuestión de semanas, gran parte de los países habían implementado restricciones sociales y económicas, realizándose la transición de una vida normal al cierre de gran parte de las empresas del sector retail, la fabricación, la construcción, la hostelería y el turismo en cuestión de unos días.

Al mismo tiempo, aumentó en gran medida la demanda de ciertos segmentos, pues los supermercados de muchos países se han visto superados en algunos momentos y las cadenas de suministro no podían garantizar la reposición de los productos en los estantes.

Aunque este tipo de problemas puntuales han terminado resolviéndose con relativa facilidad, la industria sigue enfrentándose a algunos desafíos, sobre todo en el transporte de EPIs a las localidades donde existe una gran necesidad de contar con este equipamiento.

Hasta ahora, el sector del transporte y la logística está reaccionando muy bien a todas estas situaciones, tal y como señalan en Transport Intelligence. Por ejemplo, los proveedores logísticos que contaban con activos inutilizados han aprovechado su capacidad para la fabricación de otro tipo de productos necesarios para la pandemia.

Además, a pesar de los grandes picos de demanda, parecen haberse adaptado bien, determinando la cantidad de mercancía que es necesario movilizar en cada momento y bajo qué parámetros, así como los canales comerciales más adecuados y los destinos finales.

Si bien es cierto que el resultado final de todo ello podría ser simplemente cargar la mercancía paletizada en un camión, el proceso puede requerir algunos cambios en los procesos internos, como la reorientación de los equipos comerciales y de ventas para reposicionar sus activos y conductores, y planificar nuevas rutas.

La vuelta a la normalidad 

Las próximas semanas serán clave para evaluar las acciones de las últimas diez semanas y el impacto financiero de la crisis sanitaria. A medio y largo plazo, se podrá comprobar el efecto que han tenido ciertas decisiones estratégicas para su gestión.

Una vez termine todo, es poco probable que la vuelta a la normalidad en el transporte de mercancías sea rápida, pues la demanda se recuperará gradualmente a medida que se vayan levantando las restricciones en las diferentes regiones.

Por ejemplo, en el caso de la industria de la automoción, algunas plantas del Este de Europa ya están operativas, pero no está claro cuándo volverán todas las de Alemania, España y Reino Unido, ni a qué capacidad podrán operar en el momento de la reapertura.

También se acelerarán ciertas tendencias ya presentes antes del Covid-19, como el cambio hacia el e-commerce y la desaparición de muchas tiendas de toda la vida, pues el comportamiento de los consumidores ha evolucionado.

En términos de consolidación empresarial, es cierto que las compañías podrían diseñar ciertas estrategias conjuntas y que se encontrarán en una situación económica proclive para ello, pero no se prevé mucha actividad en este sentido nada más terminar la crisis. Asimismo, es difícil saber si habrá actores que salgan lo suficientemente reforzados como para hacer adquisiciones, aunque los más grandes probablemente ganarán más cuota de mercado.

En cuanto al ferrocarril, aunque la situación actual ha permitido demostrar algunos de sus beneficios, no parece que vaya a haber un gran trasvase de la carretera al tren a largo plazo, pues ya antes de que sucediera todo esto, el transporte europeo había hecho cambios para ser más flexible y adaptarse a las necesidades del e-commerce y de un consumidor imprevisible.