Los gestores de las tripulaciones marítimas que tratan de repatriar o relevar a los trabajadores que se encuentran en alta mar se están enfrentan a numerosos desafíos en las últimas semanas. Las restricciones globales a la movilidad, así como las cuarentenas, están dificultando mucho su labor, según explican desde Danica Crewing Services.

Gran parte del problema es que cada país tiene su propio paquetes de medidas para prevenir la propagación del Covid-19. Por eso, diferentes empresas del sector y organizaciones marítimas han unidad fuerzas para tratar de desarrollar estándares y protocolos que permitan a los trabajadores realizar los correspondientes test y mantenerse en cuarentena antes de viajar.

Uno de los grandes problemas en la actualidad es la falta de vuelos comerciales para facilitar los cambios de tripulación. El consorcio está tratando de identificar puertos clave para investigar posibles opciones en este sentido.

No obstante, solamente 15.000 de unos 75.000 buques realizan servicios regulares con horarios fijos, por lo que es difícil anticipar dónde estarán en un momento determinado la mayoría de embarcaciones para realizar los cambios de tripulación.

Además, quizá puedan conseguirse vuelos, pero los costes no serán bajos, pudiendo llegar a los 1.200 euros por marinero, para un viaje que en situación normal costaría como máximo 350 euros. Por tanto, es necesario que todos los actores involucrados permanezcan unidos para diseñar un nuevo modus operandi que permita resolver el problema.

Dificultades económicas

Por otro lado, los kits de realización de pruebas del coronavirus son caros y también es preciso pagar más a los empleados, ya que pasan más tiempo a bordo del que deberían o en instalaciones habilitadas para las cuarentenas. Las empresas del sector se encuentran en una delicada situación económica, a la que se añade la gran cantidad de buques parados.

Para cuando las restricciones comiencen a relajarse, los problemas podrían ser incluso mayores, pues los países irán abriéndose poco a poco. Por tanto, el número de tripulantes que deban relevarse será cada vez mayor y será difícil encontrar la manera de efectuar los traslados, sobre todo si los operadores siguen teniendo las mismas limitaciones presupuestarias.

Asimismo, los espacios de trabajo tendrán que ser adaptados para cumplir con las restricciones y el distanciamiento social, probablemente durante el resto del año.