Cualquier disrupción en la cadena de suministro puede provocar un cuello de botella. Es lo que está sucediendo con la congestión de los puertos en los últimos tiempos, una situación que no es nueva para la industria marítima, acostumbrada a lidiar con esta clase de problemas.

La consultora Drewry ha evaluado este problema en el contexto actual, que se ha producido por una reducción de la capacidad, combinada con un aumento de la cancelación de escalas.

Las medidas de confinamiento por el Covid-19 han interrumpido el comercio global, siendo las alianzas marítimas las primeras en responder, recortando los servicios en ciertas rutas y cancelando las escalas en algunos puertos. Esto ha afectado a la demanda de contenedores y la disponibilidad en las instalaciones.

Al mismo tiempo, el sector se ha enfrentado a un repentino repunte en los volúmenes para poder satisfacer la demanda tras la reapertura de las diferentes economías después del confinamiento, así como para atender el aumento de los pedidos durante las Navidades y la demanda de los importadores, que han tratado de reforzar sus stocks ante la segunda ola.

Todo esto ha provocado problemas de congestión en algunos puertos, como los de Los Ángeles y Long Beach, en Estados Unidos. Además, se ha producido un efecto dominó en los puertos cercanos a los más congestionados.

Por ejemplo, los problemas en Felixstowe, Reino Unido, han sobrecargado a otros del país, como Southampton, pero también a algunos del norte de Europa, como Rotterdam y Zeebrugge.

Capacidad fija

Generalmente, los puertos tienen una capacidad fija que no puede ser modificada en función de necesidades a corto plazo, por lo que la mayoría han optado por tácticas de reducción de costes para combatir los efectos del Covid-19. Lo mismo sucede con la capacidad de los operadores de transporte y almacenamiento, que no puede ser aumentada para adaptarse a las fluctuaciones a corto plazo.

Por otro lado, el aumento de las medidas sanitarias ha provocado ciertos retrasos, especialmente en los puertos de China. Aunque el sector portuario coincide en que los problemas de congestión son temporales y que todo volverá pronto a la normalidad, algunas instalaciones han optado por reforzar su plantilla o bien pagar horas extras a sus empleados.

En cuanto a los costes de estos cuellos de botella, la mayor parte corresponden a los cargadores, la parte más débil de la cadena, pues las líneas de contenedores están aplicando recargos en sus tasas de carga, mientras que los puertos han aumentado los cargos por detención de la mercancía y almacenamiento.

Además, los cargadores también han tenido que asumir los costes indirectos de la pérdida de clientes por entregas tardías o el aumento de los stocks por tener que utilizar conexiones más largas o menos fiables.