La incertidumbre ha sido la palabra clave en el transporte marítimo a lo largo de 2020. Esto hace que sea muy difícil hacer predicciones acerca de la recuperación, pues hay muchos factores que influirán, como el desarrollo de la pandemia del Covid-19, la efectividad de las medidas para evitar nuevos brotes, los cambios en el comportamiento del consumidor y en su confianza o las medidas para estimular la economía.

Teniendo todo esto en cuenta, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, UNCTAD, espera que los volúmenes del transporte marítimo se reduzcan un 4,1% en 2020. En cuanto a los pronósticos para 2021 también, dependen de las proyecciones de crecimiento económico, si bien este organismo apunta por el momento a un incremento del 4,8% y el Fondo Monetario Internacional apuesta por un 5,4%. 

El transporte marítimo se ha visto fuertemente afectado por las disrupciones causadas por el virus, ya que los tráficos contenerizados están muy vinculados al desarrollo económico mundial, el consumo y las cadenas de suministro. La gran cantidad de buques que han estado inutilizados y el número de servicios que han sido cancelados son una clara muestra de la ralentización en el sector.

Impacto por rutas

Los datos disponibles del primer semestre muestran el claro impacto de la pandemia en los flujos con origen en China. Las rutas relacionadas con el Lejano Oriente, especialmente para la exportación, han experimentado una caída en el primer trimestre, que ha sido mucho más pronunciada en el segundo, con la caída de la demanda en Europa y Norteamérica.

En las rutas transatlánticas, donde los flujos de automoción son un claro reflejo del estado del transporte de contenedores, las perspectivas siguen empeorando. Debido a la disminución de los volúmenes que salen de las fábricas en los países de producción y la reducción del gasto por parte de los consumidores en productos no esenciales, las navieras han reducido su capacidad mediante cancelaciones o incluso modificaciones de las rutas para pasar por el Cabo de Buena Esperanza y reducir costes.

Además, cuando estos cambios se producen sin avisar con tiempo a los clientes, afectan a la fiabilidad del servicio y a la capacidad de los cargadores para planificar sus cadenas de suministro.

Cancelación de escalas

En junio de 2020, muchos puertos confirmaron que estas estrategias por parte de las navieras habían supuesto la llegada de menos mega-portacontenedores. Sin embargo, cuando atracaban, sus volúmenes generaban grandes picos de actividad y algunos desafíos operativos. En este sentido, dado que los buques realizan una ruta programada, la cancelación de una escala afecta a todos los demás puertos.

Por su parte, los cargadores también han contribuido a generar interrupciones en la cadena al cancelar las reservas sin previo aviso, mientras que en los puertos, la menor cantidad de tráfico ha provocado la cancelación de turnos de trabajo a los transportistas.

Todo esto se ha visto amplificado por los cargos por detención de mercancías, por exceder el tiempo de almacenamiento gratuito o por devolver tarde los equipos a las terminales. Otro de los desafíos a los que se ha enfrentado el sector está relacionado con la falta de contenedores, pues las unidades vacías empezaban a escasear en Europa, pero se acumulaban en China.

Tal y como han explicado desde Lloyd’s Loading List, la crisis sanitaria ha demostrado que es fundamental el intercambio de información, la transparencia y la comunicación para evitar los obstáculos y las ineficiencias. 

De cara a los próximos meses, el ritmo de cancelaciones de escalas podría dar alguna indicación sobre las tendencias de la demanda. Una disminución podría ser una de las primeras señales de que el comercio mundial puede estar mejorando, aunque este indicador por sí solo no proporciona una imagen completa del sector y debe evaluarse en función de la capacidad programada.