El incremento en la demanda de algunos productos, especialmente de primera necesidad, al albur de la declaración del estado de alarma por la pandemia del coronavirus ha disparado la necesidad de contar con espacios de almacenamiento.

Todo ello, a pesar de que el tirón en las compras de los hogares ha dejado tiritando los stocks de algunas de las principales cadenas del país y de que los camiones han empezado a actuar más que nunca como almacenes ambulantes que sin parar abastecen tanto al mercado nacional, como a otros países de la Unión Europea.

Precisamente ante la más que realista previsión de que el estado de alarma se prolongue otros quince días más, muchas empresas del sector de la alimentación buscan desesperadamente naves, ya sean nuevas o antiguas, relativamente próximas a los principales núcleos de población del país, con el fin de proveer provisionalmente una demanda que seguirá siendo alta.

En el centro peninsular este incremento de la demanda tiene mercado de naves nuevas en el que encontrar activos. Sin embargo, la situación parece más complicada en Barcelona, donde la escasez de suelo es ya una situación endémica, por lo que la tendencia podría tener una cierta repercusión sobre las rentas, en un segmento cuyos clientes son especialmente sensibles a cualquier variación en los costes.