Con la consolidación del comercio electrónico, la distribución urbana de mercancías se enfrenta a una paradoja que condiciona la viabilidad de un servicio que con la crisis sanitaria se ha convertido en imprescindible para un grupo creciente de consumidores.

Por un lado, existe una tendencia creciente en las regulaciones municipales a reducir los servicios de reparto o, al menos, a reconducirlos hacia vehículos más sostenibles y de menor tamaño, como motos o bicicletas, por cuestiones medioambientales cada vez más importantes para una amplia mayoría de la población europea, aunque también mejor adaptados a la realidad de envíos cada vez más pequeños y fraccionados.

De igual manera, crecen iniciativas para realizar un reparto racional en los principales núcleos de población, bien a través de un único operador o un grupo de ellos por zonas, o bien por medio de la consolidación de envíos por áreas, como fruto de la colaboración.

Sin embargo, por otro, las empresas son conscientes de que en un mercado tan competitivo y en el que los envíos gratuitos son la norma hay que competir por volúmenes, lo que presiona para incrementar este mercado con el fin de conseguir una rentabilidad díficil y escasa.

Así lo constata un reciente estudio de la Universidad Abierta de Cataluña, que asevera que las empresas de reparto de comida a domicilio necesitan hasta 8.000 servicios diarios para que empiecen a ser rentables por su propia explotación en una gran ciudad.

Además, si se tienen en cuenta aquellos costes relacionados con la expansión de este tipo de empresas a otros mercados, encontramos que estos 8.000 servicios tienen que multiplicarse hasta 19.000 para que la situación operativa sea rentable.

A esta situación habrá que añadir el coste salarial adicional que también supondrá la laboralización de los repartidores, como consecuencia de la aprobación definitiva de la ‘Ley Rider’.

Esta situación típica de la entrega de comida a domicilio es extensible también a otras ramas del comercio electrónico con entrega domiciliaria, abrumadoramente mayoritaria en España y que con la crisis sanitaria ha visto cómo se reducía el tamaño y se fraccionaban aún más las entregas.