La crisis sanitaria del coronavirus ha hecho trizas uno de los principios fundamentales de la Unión Europea.

Ni la Comisión, ni el Parlamento, ni el consejo ni los propios Estados miembro de la UE son capaces de garantizar, pese a las recomendaciones oficiales, el libre movimiento de mercancías, amenazado más que nunca por la desconfianza.

Los camiones pierden así un tiempo vital en los pasos fronterizos que les impide cumplir con su vital labor de abastecimiento a una población que, en su mayor parte, permanece confinada para evitar la propagación de la pandemia.

De este modo, a mediodía del pasado 14 de abril se registraban, por ejemplo largas colas de más de diez kilómetros de longitud en el paso fronterizo de Irún en sentido Francia, así como retrasos de 45 minutos en el paso central de los Pirineos.

Sin embargo, en La Junquera el retraso en el traspaso de la línea que separa España de Francia no sobrepasaba los diez minutos.

En idéntico sentido, la frontera entre España y Portugal registraba también dilaciones de unos diez minutos, tanto en el área de Galicia, como en Zamora y en Extremadura.

Frente a esta relativa normalidad, otros pasos fronterizos, como los existentes entre los Países Bajos y Bélgica o entre este país y Luxemburgo, tenían retrasos de una hora.

Peor aún es la situación en el este de Europa donde se registran hasta dos horas de espera para pasar entre Hungría y Rumanía, entre esta nación y Bulgaria, o entre Eslovenia y Croacia.