Desde 2016, cuando aprobó su primer Plan Estratégico Medioambiental, la Zona de Actividades Logísticas del puerto de Barcelona se ha convertido en todo un ejemplo en cuanto a la gestión ambiental y la lucha contra el cambio climático.

Como muestra de su compromiso, recientemente ha puesto en marcha su Plan Estratégico de Responsabilidad Social Empresarial para los años 2019-2021, que tiene como eje central los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 de la ONU.

Su intención es minimizar su huella ecológica y para ello, Cilsa, entidad gestora de esta infraestructura, está apostando por la construcción de naves que cumplen con los estándares LEED. Además, en 2019 remodeló las oficinas del centro de servicio siguiendo criterios de eficiencia energética.

La inversión dedicada al medio ambiente fue de 476.000 euros en 2018, pero en 2019 subió hasta los 509.000 euros. Actualmente, sus objetivos pasan por el uso eficiente de sus recursos hídricos y la disminución de las emisiones de CO2, entre otros.

Gestión energética y movilidad sostenible

A lo largo de los últimos años han implantado la Unidad de Tratamiento de Aire, un sistema de caudal variable, un sistema lumínico LED y un sistema de control integral. También trabajan desde 2018 en el impulso de los vehículos eléctricos y su consumo de energía eléctrica proviene ya de fuentes renovables.

Uno de sus principales retos futuros es reducir el tráfico de vehículos particulares que acceden a la ZAL Port, garantizando alternativas de movilidad sostenible a través de una mejora del transporte público y el carril bici, y la potenciación del vehículo eléctrico.

Para conseguirlo, Cilsa participa ya en el Grupo de Trabajo de Calidad Ambiental de la Autoridad Portuaria de Barcelona y en la Mesa de Movilidad del Delta del Llobregat.

Por otro lado, se ha implantado un sistema informatizado para la reducción de los residuos, que permite la monitorización, el seguimiento y el análisis de la recogida selectiva.