El impacto del coronavirus en las cadenas de suministro ha demostrado que los fabricantes deben rediseñar sus redes de producción global si quieren sobrevivir a esta crisis, cambiando los grandes centros de fabricación en zonas como China por numerosas instalaciones de pequeño tamaño alrededor del mundo, que les permitan minimizar sus riesgos.

Según un estudio realizado por la Universidad de Birmingham, la estabilidad, fiabilidad, resistencia y predictibilidad son esenciales para lograr un correcto equilibrio de costes y evitar los riesgos. Por ello, la estrategia ideal es contar con instalaciones en lugares clave de los mercados centrales, evitando una dependencia excesiva de los centros de producción en zonas con menores costes.

La rapidez con la que se extiende y las consecuencias económicas del Covid-19 han alterado el equilibrio entre el Estado, los ciudadanos y las empresas en los diferentes países, pues los diferentes gobiernos han tenido un excepcional grado de intervención para apoyar a empresas y trabajadores.

La respuesta más común de las compañías americanas en la guerra comercial entre China y Estados Unidos pasó por el cambio de proveedores, evitando China y escogiendo en su lugar otro país donde los costes también fuera bajos.

Sin embargo, la crisis sanitaria ha obligado a muchas a desarrollar ciertas estrategias para afrontar las disrupciones en la cadena de suministro, construyendo redes regionales apostando por la tecnología y centrando sus esfuerzos en el aumento de la eficiencia y la resiliencia.

La globalización no es un concepto nuevo, pero el coronavirus ha puesto el foco sobre los riesgos relacionados con esta tendencia. Por ello, es importante priorizar el diseño de cadenas logísticas que permitan minimizar los costes y maximizar el valor económico, frente a aquellas estrategias centradas en la obtención de beneficios a partir de la reducción de riesgos.