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Los microalmacenes se centrarían en las referencias con mayor demanda.

En su afán expansivo, el comercio electrónico sigue abriéndose a nuevas mercancías, como por ejemplo, los perecederos y otros productos de alimentación, un campo en el que cuenta con grandes posibilidades expansivas a tenor de los vertiginosos cambios que se están produciendo en los hábitos de consumo.

Con una población que tiende cada vez más a concentrarse en grandes núcleos urbanos, el reparto domiciliario se ve sometido a fuertes tensiones de costes que, sin embargo, se topa, a su vez con un mercado hipercompetitivo que no puede aumentar precios si quiere atraer a un mayor volumen de clientes en un segmento en el que los márgenes comerciales son, a decir de los expertos (otra cosa bien distinta dicen los ganaderos), muy ajustados.

Así las cosas, parece que la búsqueda de la rentabilidad se centra en potenciar la automatización y buscar espacios logísticos de pequeño tamaño, unos 1.000 m² aproximadamente, bien ubicados y que permitan trabajar los pedidos con una gran agilidad, con el fin de facilitar la rotación de stock y poder trabajar en colaboración con tiendas locales para servir los pedidos en plazos inferiores a una hora.

Para ello, estos centros deberán centrarse en almacenar existencias con fuerte demanda, dejando para instalaciones más alejadas aquellos productos que se consumen menos.

La israelí Fabric, que tiene previsto empezar a construir algunas de estas instalaciones, estima que estos microalmacenes automatizados parten con una inversión asumible de unos tres millones de dólares, unos 2,7 millones de euros al cambio, y que pueden estar operativos en un plazo de cuatro meses, con capacidad para manejar unas 12.000 referencias y operados por una docena de trabajadores, incluyendo algunos encargados de realizar labores manuales de picking.