Los puertos de Los Ángeles y Long Beach, que están sufriendo graves problemas de congestión, se enfrentan ahora a un brote de Covid-19 entre sus empleados, lo que podría afectar todavía más a su productividad. De hecho, el 20 de enero unos 45 buques estaban esperando para ser descargados, lo que supone el mayor cuello de botella en seis años.

Se calcula que unos 700 empleados se han contagiado de coronavirus entre las dos instalaciones, a lo que se añaden todos los que están ya de baja por cuestiones relacionadas con la pandemia.

Por ello, los responsables portuarios y organismos sindicales han reclamado la vacunación para este colectivo, ante la posibilidad de que los dos mayores puertos de contenedores de América se vean obligados a cerrar.

«Tenemos más carga que mano de obra cualificada«, ha explicado Eugene Seroka, director ejecutivo del puerto de Los Ángeles, que ha confirmado que unos 1.800 trabajadores no podrán acudir a su puesto, incluyendo a los han sido aislados por el rastreo de contactos o los que están esperando los resultados.

Además, muchos temen ir al trabajo cuando hay tantos casos cercanos, ante la posibilidad de contagiarse. Desde una perspectiva empresarial, cualquier reducción en la fuerza del trabajo o el cierre de las instalaciones va a ser desastroso, según los expertos de Sea-Intelligence, que creen que llevaría meses recuperarse de algo así

De momento, no se espera un cierre inminente, pero si no se empieza a vacunar a los trabajadores, podrían empezar los problemas de abastecimiento en la zona.