Desde el 1 de diciembre de 2017, la Gran Vía madrileña verá reducida su capacidad para la circulación en un 30%, con dos carriles por sentido para el tráfico rodado, mientras que los otros dos se incorporarán a la zona peatonal, que ganará 5.400 m².

La velocidad para este tramo, como en las últimas Navidades, se reducirá a 30 km/h, y se dispondrá un vallado temporal más consistente para aumentar la seguridad de los viandantes, que estará formado por bloques de hormigón de entre 700 y 800 kg a lo largo de 1.500 metros.

La nueva configuración tendrá continuidad para prepararse para la creación del Área Central Cero Emisiones y enlazar con los trabajos que se iniciarán a finales de enero o mediados de febrero de 2018. El cierre total de la vía al tráfico rodado se producirá en junio de 2018.

Al mismo tiempo, quedará prohibida la circulación de camiones de más de 3.500 kg en esta calle hasta el 7 de enero, lo que contrasta con la decisión adoptada en las pasadas Navidades, cuando la limitación se estableció únicamente para la cabalgata de reye

Se contemplan un total de 18 excepciones a estas restricciones, que no afectarán a los autobuses de la EMT, servicios discrecionales, vehículos de personas de movilidad reducida, residentes, acceso a hoteles y parkings, vehículos cero emisiones o de carga y descarga, bicicletas, taxis, VTC con servicio contratado en la zona, servicios públicos, emergencias y suministros, entre otros.

El dispositivo, coordinado por la Policía Municipal, incluye también limitaciones de acceso, excepto para residentes y vehículos autorizados, en otras áreas, como la Puerta del Sol y las calles Mayor y Atocha.