Con la guerra de Irán y sus efectos sobre los precios de los combustibles, el transporte de mercancías por carretera ha perdido de vista el que sin duda es su principal problema: la falta de conductores.
A esta coyuntura de precios altos de los carburantes se une también la ofensiva de las constructoras para articular un sistema de pago por uso para camiones en la red viaira españla que ha hecho que las empresas se enfoquen en sus costes, circunstancia totalmente lógica, especialmente en tiempos de crisis e inestabilidad como los que se viven actualmente.
Sin embargo, la escasez de conuctores es una carrera de largo fondo que está minando los cimientos de un sector esencial para la economía española.
Dinámica de mercado y otras preocupaciones
La evolución se camufla merced a que el sector ha conseguido maniobrar eficazmente para conseguir que la cláusula de revisión de precios por el alza del gasóleo sea obligartoria y directamente repercutible en las tarifas.
De igual modo, los ajustes en flota que se vienen realizando desde hace tiempo han provocado una adaptación fiel de la capacidad a las necesidades del mercado, de tal manera que no sólo no sobran camiones, sino que faltan, lo que permite que muchas empresas y autónomos se inclinen por operar en el segmento spot, mucho más rentable que el de contratos de larga duración.
Nunca ha sido más cierta la frase de que quien tiene un camión tiene un tesoro y buena prueba de ello es que la cierta estabilidad que se registra en los datos mensuales de paro entre los conductores de camión desde mayo de 2025, que apenas varían entre los 11.600 y los 11.300 parados.
Por lo que respecta a la escasez de conductores, el sector viene fracasando estrepitosamente en la atracción de nuevos profesionales, que se dirigen a otros segmentos de actividad más atractivos, menos exigentes, mejor pagados y con más posibilidades de conciliación de la vida profesional y familiar.
Datos que explican la ausencia de nuevas vocaciones
Las estadísticas oficiales certifican esta falta de atractivo y la ausencia de medidas eficaces para incorporar nuevos profesionales.
En primer lugar, el colectivo de conductores asalariados de camión cuenta con 70.836 demandantes de empleo. Sin embargo, sólo una cuarta parte de todos ellos solicita trabajar como chófer de camión como primera opción, teniendo en cuenta que cada demandante de empleo puede solicitar un máximo de seis ocupaciones para intermediar en el mercado laboral.
Este indicador ya denota que los desempleados sólo contemplan la posibilidad de ser conductor de camión por si acaso no tienen otras alternativas.
En segundo lugar, desde el punto de vista de la contratación, parece que las empresas prefieren apostar por el talento contrastado y por los conductores foráneos, antes que por los jóvenes.
Estos últimos suponen un 12,3% de la contratación laboral de chóferes de camión, mientras que los conductores extranjeros constituyen un 31% y los mayores de 45 años, un mayoritario 52% de los contratos de trabajo que cada mes se firman para nuevos chóferes.
En èsta misma línea, apenas un 1,5% de los demandantes de empleo como conductor de camión no ha tenido un empleo anterior. Esta cifra certifica que muy pocos optan por abrirse camino en el transporte de mercancías desde el inicio de su carrera profesional.
Breve y al pie: no hay vocaciones, ni medidas para impulsarlas.