La realidad de las mujeres embarazadas que trabajan en el mar: historias de improvisación y resistencia

La escasez actual de talento en el sector marítimo choca con la falta de apoyo a las trabajadoras embarazadas, un aspecto clave para mejorar la retención y ofrecer trayectorias responsables para todos.

20/04/2026 a las 17:24 h

El embarazo es una parte normal de la vida laboral para la que las empresas deberían estar preparadas, pero en el trabajo en alta mar, su gestión sigue siendo en gran medida improvisada. Quince mujeres de ocho nacionalidades, que trabajan en seis tipos de buques y ocupan diferentes posiciones, han compartido sus experiencias con la alianza All-Aboard, que explica que para un sector sometido a la presión de la escasez de talento y la rotación, mejorar las políticas y prácticas relacionadas con el embarazo no es solamente una cuestión de equidad, sino un desafío estratégico para aumentar la seguridad y mejorar la retención de su empleados.

El informe concluye que no existen prácticas o políticas estándar en el sector ante los embarazos, lo que lleva a muchas mujeres que trabajan a bordo a ocultarlos, retrasando la debida atención médica y enfrentándose a evacuaciones de emergencia. Por el contrario, cuando sí se apoya a las mujeres, valorando los riesgos a bordo, estableciendo plazos para la repatriación, manteniendo sus salarios y explicándoles las vías de reingreso a la profesión, estas no abandonan su carrera en el mar.

Las soluciones son sencillas y ya existen: revisiones semanales de riesgos, pequeños ajustes en sus tareas, planificación de la duración del viaje según cada caso y seguimiento del embarazo. Esto permite a las mujeres trabajar con seguridad hasta el segundo o tercer trimestre, regresando más adelante a sus puestos.

Por ello, es fundamental normalizar el embarazo en el mar, integrando procedimientos claros en los contratos, diseñando manuales de seguridad y estableciendo políticas de recursos humanos que permitan que los resultados no dependan de decisiones individuales. Con un esfuerzo moderado y un coste limitado, la industria puede retener a sus trabajadoras, reducir las emergencias y demostrar que ofrece una trayectoria profesional responsable para todos.

Primeros pasos

En las entrevistas realizadas, varias mujeres han descrito cómo buscaron en vano en los manuales de su empresa sin encontrar nada sobre el embarazo, ni siquiera a quién informar. La ausencia de atención reproductiva básica, incluyendo en algunos casos la falta de recursos como la píldora del día después o test de embarazo, crea una sensación de aislamiento en las mujeres que trabajan a bordo y les da a entender que tampoco recibirían apoyo en el embarazo.

En este contexto, es fundalmental la confianza en los mandos, especialmente en el capitán, a la hora de revelar su embarazo o buscar ayuda. Cuando se percibe un ambiente de mando hostil, las mujeres temen revelar su situación personal, mientras que si sus superiores tienen una actitud tranquila y afable, no sienten miedo ante posibles reacciones negativas. 

De hecho, uno de los primeros retos se encuentra en la propia confirmación del embarazo. Varias entrevistadas han explicado que en los barcos en los que trabajaban no había ninguna prueba de embarazo disponible o bien acceder a ella suponía dejar un rastro que les privaba de privacidad al ser las únicas mujeres a bordo. Incluso una ha recordado cómo no pudo hacerse la prueba por no estar disponibles a bordo y no poder desembarcar por el Covid-19: "Para cuando finalmente pude bajar, ya había superado el primer trimestre".

Aunque exista acceso a la prueba, a veces la barrera reside reside en el propio sistema de la empresa para acceder a ellas: "Hay un montón de papeleo para cualquier cosa, incluso para una tirita, y no quería empezar con todo eso solo por una prueba", asegura una de las participantes en el estudio. 

Muchas también optan por retrasar u ocultar su situación por cuestiones económicas: "Sabía que en el momento en que dejara de trabajar, mi salario se acabaría". Sin subsidio por maternidad ni protección laboral en muchos casos, la inseguridad financiera lleva a estas mujeres a mantener sus embarazos en silencio hasta momentos que a veces se consideran médicamente desaconsejables, recurriendo para resolver sus dudas a compañeras o sindicatos ante la falta de apoyo estructurado.  

La revelación y el trabajo posterior

Para algunas, la revelación trajo tranquilidad. Una de las entrevistadas, de hecho, recuerda que su capitán estaba “muy emocionado” y le preguntó: “¿Qué necesitas? ¿Necesitas cambiar de turno?”. Otra, sin embargo, describe cómo su capitán le colgó sorprendido antes de volver a llamar para disculparse. Esta falta de sistemas fiables y estructurados hace sentir muy vulnerables a las mujeres, sobre todo porque en ocasiones las consecuencias pueden ser muy negativas.

Mujer marinera CMA CGM
Algunas empresas ofrecen posiciones en tierra o teletrabajo a las mujeres cuando deben abandonar su puesto en el mar. 

Una de las mujeres con las que ha hablado All-Aboard explicaba por ejemplo, que decidió avisar con antelación suficiente de su embarazo porque lo consideraba lo correcto, pero fue repatriada casi de inmediato: "Pensé que estaba siendo prudente al avisarles pronto. Me echaron a los dos días".

En el extremo contrario, otra mujer relata que la compañía le envió un mensaje indicando que podría reincorporarse en su mismo puesto y rango, ofreciéndole todas las garantías. Un sistema justo debería garantizar que este apoyo no dependa de la suerte ni de la discreción, sino de procedimientos claros y consistentes, advierten desde la alianza. 

La decisión de ocultar un embarazo se debe en muchos casos a razones económicas, pues no tenían acceso a una baja por maternidad ni la opción de un trabajo alternativo. Una de las participantes, incluso, ocultó su embarazo durante siete meses y medio. En su caso, las mujeres que contaron con apoyo y flexibilidad, continuaron trabajando de forma segura durante una parte importante de sus embarazos y sus tareas fueron revisadas periódicamente. 

No obstante, cada embarazo y cada rol deben evaluarse individualmente, con personal médico y revisiones de riesgo específicas para cada tarea. Estos ejemplos muestran lo que es posible en condiciones adecuadas, pero en otros muchos embarazos continuar trabajando en el mar puede ser inseguro o poco práctico. 

Un punto importante en el proceso del embarazo cuando la mujer se encuentra a bordo es el acceso a Internet, pues cuando este es deficiente, aumenta la ansiedad de las embarazadas al no poder consultar sus dudas. Igualmente, las mujeres entrevistadas dicen haber llevado la carga mental y física del embarazo en gran medida solas, con poco apoyo psicológico disponible, más allá de la empatía entre pares: "Hubo momentos en los que me sentí muy aislada, muy sola. Y hubo muchas ocasiones en las que me hubiera gustado simplemente hablar con alguien, pero no hay nadie que lo entienda".

Repatriación y baja

El momento de la repatriación también influye en la sensación de seguridad de las mujeres respecto al embarazo en alta mar. Cuando se acordaban de antemano unos límites claros, teniendo en cuenta la gestación, el tipo de buque y el asesoramiento médico, las marineras podían gestionar su trabajo sin ese estrés añadido. De hecho, una de las participantes permaneció hasta las 33 semanas y media en un remolcador que navegaba cerca de la costa, mientras que otra se quedó hasta las 34 semanas con un oficial adicional a bordo.

La forma en que se gestionaban las salidas también influía en la cultura de la tripulación. Algunas empresas celebraban el momento con calidez y humor, además de ofrecer puestos en tierra a las mujeres tras abandonar el buque o permitirles realizar teletrabajo. En cambio, en otros casos, la repatriación supuso un importante recorte salarial o la pérdida de complementos: "Me quitaron el complemento por navegación; básicamente me quedé con como el 40% de mi salario".

La diferencia entre una salida digna y planificada y una costosa y estresante rara vez es médica en estos casos, sino organizativa. Además, para muchas mujeres, su estancia en tierra se caracterizó por la incertidumbre sobre a qué ayudas, si es que había alguna, tenían derecho. Pocas habían recibido información previa sobre los derechos de maternidad o la remuneración, lo que las llevaba a hacer conjeturas o a imaginarse lo peor.

La presión económica era un telón de fondo constante, que a menudo prevalecía sobre las recomendaciones médicas, como indica el informe: "Cobraba 140 libras a la semana y tenía una hipoteca. Las cuentas no cuadraban, así que tuve que volver", explica una de estas trabajadoras.

La vuelta al trabajo

Por otro lado, para algunas de las entrevistadas, se complicó la vuelta al trabajo en el mar tras dar a luz, pues sus empresas guardaban silencio o les daban respuestas vagas. En el caso de volver, el reto no radicaba en la capacidad, sino más bien en la confianza y la logística, pues sin sistemas de apoyo fiables, incluso las rotaciones más flexibles resultaban inviables.

Algunas mujeres pudieron permanecer en el sector marítimo mediante puestos provisionales en tierra o tareas administrativas desde casa, pero cuando las empresas ignoraban sus solicitudes para por ejemplo tener rotaciones más cortas, algunas tuvieron que abandonar el sector por completo. 

Del mismo modo, el informe muestra que el apoyo a la lactancia era prácticamente inexistente, lo que convertía una necesidad sanitaria básica en una lucha diaria. "Al carecer de un espacio privado o de un lugar refrigerado donde guardar la leche, las mujeres tenían que elegir entre la salud de sus bebés y su propia dignidad en el trabajo" recuerda una de ellas.

Otras tuvieron que interrumpir su baja y el período de lactancia antes de lo que hubieran querido para volver a reincoporarse a sus puestos por razones económicas. Si bien las experiencias de algunas entrevistadas demuestran que las iniciativas proactivas de sus empresas les diaron la confianza necesaria para permanecer en el sector, la tensión psicológica y familiar sigue siendo alta en este ámbito.

Las mujeres entrevistadas han descrito llantos nocturnos, sentimientos de culpa por dejar a sus bebés y fatiga mental, pero ninguna ha tenido acceso a apoyo profesional. Desde All-Aboard, aseguran que diseñar un recorrido positivo del embarazo que apoye a las madres actuales y futuras refuerza la seguridad, fomenta el mantenimiento de tripulaciones estables y amplía la base de talento. 

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