El termómetro sectorial de Aldefe para 2025 en España muestra que fue un ejercicio de elevada utilización de la capacidad frigorífica, con un cierre de año en niveles próximos a la saturación. La ocupación media de los almacenes de productos congelados alcanzó el 92,29% en el primer trimestre, descendió al 88% en el segundo y al 87% en el tercero, y volvió al 92% para el cierre de año.
El resultado anual dibuja una trayectoria de alta ocupación estructural, con una media estimada del 89,82%, muy superior a los niveles que habían caracterizado el periodo inmediatamente anterior. La distribución territorial del cuarto trimestre muestra una concentración clara en determinados nodos, pues Centro y Valencia alcanzaron el 100% de ocupación, Canarias se situó en el 95%, Cataluña en el 93% y el Norte en el 92%.
En estos territorios, la disponibilidad de espacio frigorífico se ha convertido en un aspecto especialmente sensible para la planificación logística, la absorción de picos de demanda y la gestión de contingencias. En cambio, Asturias y Galicia cerraron el año con una ocupación del 77%, lo que abre una diferencia de 23 puntos porcentuales respecto a las zonas en ocupación plena.
La gestión eficiente del espacio, la rotación de mercancías y la coordinación territorial de capacidades se han convertido en factores críticos para la competitividad del sector en un momento en el que cuenta con un menor margen de absorción ante perturbaciones y una mayor necesidad de planificación anticipada. La existencia de territorios en ocupación plena durante el cuarto trimestre, como Centro y Valencia, refuerza la necesidad de considerar la capacidad frigorífica como un recurso estratégico y no solo como una variable operativa, dicen desde Aldefe.
En cualquier caso, la existencia de zonas con mayor holgura relativa puede facilitar la reasignación temporal de stocks o la absorción de contingencias. La competitividad del sector del almacenamiento frigorífico dependerá cada vez más de la gestión inteligente de la capacidad: anticipar picos, mejorar la rotación, reforzar la coordinación con clientes, planificar inversiones y aprovechar la información territorial para equilibrar los flujos.
Necesidades diferenciadas de rotación
En este sentido, cabe apuntar también que la demanda de congelados no se concentra en un único segmento, sino que combina productos de cesta básica, productos de alto valor y soluciones de conveniencia. Esta diversidad implica necesidades diferenciadas de rotación, preparación de pedidos, control de temperatura, trazabilidad y coordinación con clientes industriales, distribución minorista y canal horeca.
Asimismo, las categorías de mayor valor económico no son necesariamente las de mayor volumen, sino aquellas que combinan precio medio elevado, mayor sensibilidad de conservación y requisitos más exigentes de manipulación y trazabilidad. El valor de los productos congelados almacenados, por tanto, se concentra en las categorías de mayor complejidad logística.
Las frutas y hortalizas congeladas y los platos preparados destacan por volumen; los pescados, mariscos y moluscos concentran una parte sustancial del valor; y los helados y carnes congeladas completan una estructura de consumo que combina recurrencia, conveniencia y especialización. La principal implicación para el sector es que la demanda de frío no puede interpretarse únicamente como una cuestión de toneladas a almacenar o de capacidad ocupada, sino ante todo como una demanda de servicios logísticos cada vez más especializados.