Desde el primer trimestre de 2020, los flujos de contenedores se han visto alterados, primero por el cierre de China y, después, por la extensión de las diferentes medidas de aislamiento para contener contagios que se han ido tomando en los diferentes países europeos.

Como consecuencia, desde hace prácticamente un año se vienen observando acumulaciones de contenedores vacíos en los principales recintos portuarios estadounidenses y europeos que, a su vez, han afectado a la oferta de servicios de transporte por la escasez que se ha generado, como contrapartida, en los enclaves chinos.

Pese a que la situación ha ido desatascándose progresivamente, el efecto dominó provocado ha impulsado los fletes de los contenedores en estas rutas, circunstancia que si se mantiene en el tiempo podría acabar afectando a los volúmenes del comercio internacional, ya que unos precios más altos podrían desincentivar la demanda de unos productos como los procedentes del sureste asiático que precisamente tienen en su bajo coste su principal ventaja competitiva.

Ante este cúmulo de circunstancias, parece que las principales navieras de contenedores del planeta esperan que la habitual relajación de la producción que se produce en China como consecuencia de la celebración de su Año Nuevo en febrero pueda permitir el retorno de grandes volúmenes de contenedores vacíos, de tal manera que puedan volverse a equilibrar los flujos, con el fin de dar salida a grandes flujos de mercancías que estarían esperando para salir del país asiático.

Queda por ver, por otro lado, cómo se traduce el impacto global de la pandemia en la demanda de los consumidores finales en los mercados que, al fin y al cabo, es el factor clave que determina todo el comercio internacional.