La debacle en el número de vuelos de pasajeros que ha provocado la crisis sanitaria tiene un efecto devastador sobre la conectividad aérea internacional que también pone a la carga aérea contra las cuerdas.

La principal ventaja del transporte aéreo de mercancías se centra en la rapidez y fluidez que tenía la tupida red existente hasta que se desató la pandemia a escala global.

En este sentido, precisamente esta falta de conectividad puede poner el riesgo la capilaridad que se necesitará para distribuir las inminentes vacunas para la covid-19, como ha podido constatarse en la última jornada del Madrid AirCargo Day 2020.

Así pues, el transporte aéreo de estos medicamentos se hará exclusivamente en vuelos cargueros, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de sus componentes o materiales para su conservación como el hielo seco pueden tener la consideración de mercancías peligrosas, por lo que solo podrán transportarse en espacios habilitados para carga, no en cabina.

En este mismo sentido, Francisco Rizzuto, de IATA, ha llamado la atención sobre las necsidades de instalaciones y personal para llevar a cabo una operativa ágil que permita conservar la cadena de frío.

Rizzuto ha puesto el acento sobre posibles faltas de instalaciones adecuadas para acoger una operativa tan específica que requerirá, además, de procedimientos aduaneros específicos, adecuados para una mercancía muy frágil, por lo que será imprescindible la colaboración entre las empresas privadas y los diferentes organismos públicos e instituciones que participen en este proceso.

De igual modo, el comercio electrónico también presiona para que las transacciones transfronterizas se adapten a una realidad cada vez más compleja. Todo ello está haciendo cambiar el mercado de carga aérea internacional a pasos agigantados.