La industria del transporte marítimo debe actuar cuanto antes para cumplir con los objetivos fijados por Naciones Unidas para la disminución de las emisiones de carbono en 2050. El plan de la OMI pasa por reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero de los buques en un 50% respecto a los niveles de 2008.

La dificultad radica en que prácticamente el 90% del comercio mundial se mueve por mar. Así, las emisiones de carbono del transporte marítimo entre 2012 y 2018 han supuesto el 2,9% del total mundial de CO2, según el último estudio realizado por la Organización Marítima Internacional.

En este sentido, la Cámara Internacional de Navegación, ICS, ha propuesto la creación de un fondo para encontrar la tecnología más adecuada para cumplir con los objetivos medioambientales.

Es también la idea de Bimco, que cree que un fondo de 5.000 millones de dólares para investigación y desarrollo contribuirá a la transformación de la industria, de modo que deje de depender de los combustibles fósiles y apueste por fuentes energéticas de cero emisiones.

Un recorte del 50% en las emisiones de CO2 solamente puede lograrse mediante una mejora del 90% en la eficiencia de la flota mundial. Por tanto, una gran proporción de los buques en activo deberían utilizar combustibles de cero emisiones.

Combustibles más sostenibles

De momento, se están probando algunos combustibles más respetuosos con el medio ambiente, incluyendo el hidrógeno, pero su viabilidad económica aún está en duda. Esto supone que la industria tendrá que tomar decisiones difíciles sobre inversiones con las que convivirá al menos 30 años.

Así, desde ICS, sostienen que la gran dificultad es tener que decidir en los próximos cinco o diez años sobre el futuro de cero emisiones, cuando sus elecciones tendrán un impacto hasta 2050. La presión social y del colectivo medioambiental cada vez es mayor, por lo que es vital que el sector se mantenga unido en estas cuestiones.