La construcción de una instalación logística, supone pasar del papel a la realidad un proyecto que ha pasado por varias etapas, como las de desarrollo de suelo, búsqueda de promotor e inversor, proyecto técnico, de acuerdo con la ubicación y con las necesidades del mercado y búsqueda del cliente o inquilino, que es quien finalmente dicta sus necesidades y la forma en la que el edificio va a dar respuesta a esas necesidades.

Resulta evidente la necesidad de este sector de contar con instalaciones modernas y bien situadas en los nudos de comunicaciones internacionales, que deben estar disponibles en unos plazos de tiempo acordes con lo que demanda el mercado.

Por eso, el proceso de construcción ha sufrido una importante evolución, de la mano de la llegada de nuevos materiales y técnicas constructivas, así como de nuevas herramientas de gestión, como la metodología BIM (Building Information Modeling) que permite crear simulaciones digitales de diseño, manejando coordinadamente toda la información que conlleva un proyecto de construcción, con el resultado final de un importante acortamiento en los tiempos de ejecución y en un incremento en la calidad del producto final.

La construcción de una instalación comienza con el movimiento de tierras, con el fin de poner a la cota adecuada el suelo de la nave, si es necesario aportando materiales para que la composición del soporte sea la adecuada.

Posteriormente se inicia la cimentación y el montaje de la estructura. Actualmente, la gran mayoría de las naves se construyen con prefabricados de hormigón que aceleran enormemente esta fase, además de ofrecer un incremento en la calidad del producto final.

Dependiendo de las dimensiones de la nave, se puede simultanear el montaje de la estructura, con el cerramiento perimetral de la misma.

El punto crítico de una nave logística lo representa la solera, sobre la que transitarán las carretillas elevadoras, que representan todo un “tour de force” cargadas y a gran velocidad, para la integridad del pavimento.

Es aquí donde surgen diferentes alternativas. Normalmente en la parte inferior se monta un cierre en prefabricados de hormigón, incluyendo los huecos pata el montaje posterior de los muelles de carga y del resto de los accesos. En la superior se suele montar un panel de tipo sandwich, que ofrece el aislamiento necesario para conseguir en el interior del recinto unas condiciones de trabajo para los empleados acordes con el desarrollo de la actividad. Algo a lo que cada vez se le otorga mayor importancia.

Uno de los elementos fundamentales de una nave, lo constituye la cubierta, que dota de impermeabilidad a la instalación frente a los agentes meteorológicos, pero que a la vez debe de procurar el máximo de luminosidad al interior, para un aprovechamiento óptimo de la luz natural, lo que repercutirá en un menor consumo energético. La última tecnología de los lucernarios, aprovecha la difracción de la luz natural a su paso, para aumentar este aprovechamiento, consiguiendo una alta eficiencia porque disminuye el consumo energético del edificio. También se alivian los gastos de mantenimiento.

Sin embargo el punto crítico en la construcción de una nave logística lo representa la solera, sobre la que descansará el equipamiento y las estanterías y sobre la que transitarán las carretillas elevadoras, que representan todo un “tour de force” cargadas y a gran velocidad, para la integridad del pavimento y en especial para las juntas de dilatación del mismo.

Actualmente se está extendiendo la técnica constructiva, al alcance de empresas especialistas, consistente en la fabricación de una solera continua sin juntas. El proceso es más caro, pero si la ejecución es correcta, se asegura un futuro de la instalación libre de grietas y de polvo, verdaderos enemigos en la operativa diaria de esta instalaciones.

Las certificaciones ambientales

Una plataforma logística debe de ser construida de acuerdo con las especificaciones más altas en cuanto a calidad y sostenibilidad, dos de los retos principales de cualquier construcción.

La forma de certificar que es así, frente al propietario de la instalación y también de cara al inquilino, la representan las certificaciones medioambientales, que han pasado a ser moneda común en los nuevos desarrollos inmologísticos.

Dos son las certificaciones más habituales. En primer lugar está BREEAM (BRE Environmental Assesment Method) fue creado originalmente por el Building Research Establishment (BRE), Organismo de Investigación de la Construcción, de Reino Unido. Es el método de evaluación y certificación de la sostenibilidad de la edificación, con más de 20 años en el mercado y más de 541.000 edificios certificados en 77 países. En España está operativo desde 2010.

El otro es LEED (Leadership in Energy in Environmental Design), creado en 1993 por el US Green Building Council. Para evaluar la sostenibilidad de los edificios tiene en cuenta aspectos como la eficiencia energética, el uso de energías alternativas, la mejora de la calidad ambiental interior o la eficiencia del consumo de agua entre otros. Solo los mejores edificios del mundo cuentan con una acreditación de este tipo. Es una forma de demostrar el compromiso de las empresas con su entorno. Contar con esta distinción tiene indudables beneficios económicos, ambientales y sociales para quienes trabajan dentro y quienes conviven fuera.

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