La pandemia del coronavirus ha demostrado la fragilidad de la raza humana, pero también de las cadenas de suministro que permiten que todo funcione. Cada día que pasa, llegan nuevas estadísticas que indican que las previsiones para el mercado de contenedores en 2020 fueron demasiado optimistas.

Lo que empezó como un hecho aislado que supuso un golpe en la cadena de valor se ha convertido en una crisis mundial de la demanda, a medida que los gobiernos de todo el mundo iban implementando medidas de distanciamiento social de distintos tipos para contener el virus.

China está a punto de llegar de nuevo a sus niveles habituales de producción, pero no podrá continuar ejerciendo como la gran fábrica mundial si sus socios comerciales no están realizando pedidos durante la cuarentena en sus países. Además, la producción fuera de China está empezando a sufrir las consecuencias del Covid-19.

En opinión de la consultora Drewry, es demasiado pronto para evaluar cómo esta crisis sanitaria impactará en el sector, pues es necesario comprobar si afectará de igual modo a todas las regiones, cuando se reanudará la actividad económica y social, y qué medidas de rescate tendrán que aplicarse para evitar consecuencias fatales en la economía global.

Impacto económico

Por ello, se han barajado tres escenarios posibles, cuya principal diferencia es el tiempo de recuperación. Si lo ocurrido en China puede servir de guía, los países pueden esperar medidas de confinamiento durante un mínimo de tres meses, aunque cada uno de ellos está evolucionando de manera distinta. En cualquier caso, no se baraja que el mundo vuelva a la normalidad hasta dentro de al menos seis meses.

Todos los países sufrirán un fuerte impacto económico como consecuencia de la pandemia e incluso los países que registren pocos casos, experimentarán una caída en el tráfico de contenedores debido a la naturaleza interconectarla del comercio mundial.

La habilidad de las navieras para gestionar su capacidad será probada en los próximos meses, pues tendrán que anticiparse a las caídas en la demanda y estar preparadas para volver a dar el mismos servicio cuando comience la recuperación. En este sentido, en la consultora creen que deberían modificarse temporalmente las normas relacionadas con la competencia para que puedan llegar a acuerdos entre todas y no ofrecer demasiada o muy poca capacidad en una época crítica.

Drewry da por hecho que se producirá un colapso en la demanda en los nueve primeros meses del año, mientras que el último trimestre se dedicará a la recuperación del sector. En este sentido, cree que las navieras deberían ser más productivas en el ámbito de la oferta.

La táctica de las navieras

Si se tiene en cuenta lo ocurrido en la crisis anterior, en 2009 el mercado de contenedores sufrió su primera contracción. La táctica de los operadores entonces fue suspender unos 40 servicios Este-Oeste, lo que supone un 10% de la capacidad, reducir la velocidad de los buques y reprogramar algunas rutas a través del Cabo de Buena Esperanza.

La situación no se desarrollará exactamente igual en este caso, pues el año ha comenzado mucho peor y la flota inactiva ya está a punto de llegar al nivel de 2009. Eliminar aún más capacidad del sistema será más complicado ahora que hace una década.

La cancelación de escalas en el mes de abril está provocando un descenso de los costes del combustible y tentando a las navieras a continuar con esta táctica durante un tiempo, para mantener su liquidez. La consultora recomienda que elaboren planes de acción en función de los diferentes escenarios de la demanda para mantener un correcto equilibrio entre oferta y demanda en cualquier circunstancia.

Además, deberían considerar la posibilidad de romper sus contratos de alquiler siempre que sea posible y utilizar sus propias unidades, para mantener su liquidez si la situación se prolonga. Los cargadores, a su vez, tendrán que prepararse para muchos cambios en el servicio, lo que incluye más escalas canceladas y probablemente la suspensión de algunas conexiones.